Empleo, crisis económica y trabajo decente

Empleo, crisis económica y trabajo decente

Eduardo Rojo. [Diari de Girona] Es un buen momento para prestar atención a algunos de los más recientes documentos internacionales y europeos, con algún apunte español, que tratan sobre las nuevas (o no tan nuevas) realidades sociales y laborales, y cómo les está afectando la situación de crisis económica, al mismo tiempo que podemos hacernos muchas preguntas sobre cómo se está abordando esta crisis y quiénes son las (muchas) personas que la padecen más intensamente. Y quizás también podemos hacernos la pregunta (muy retórica, obviamente) de si es necesario que se incrementen las desigualdades para que algún día la recuperación llegue a la mayor parte de la población. Esta pregunta se la hace el lúcido pensador polaco Zigmun Bauman en su último libro ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?, y su respuesta es muy clara: “Este trabajo intentará demostrar por qué estas y otras creencias son mentira y por qué tienen poca o ninguna posibilidad de convertirse en verdades y cumplir su (engañosa) promesa. También intentará descubrir por qué, a pesar de la evidente falsedad de estas creencias, seguimos ignorando la falsedad de estas promesas y no percibimos cómo de imposible es que se cumplan”.

No se han formulado la pregunta, porque ya conocen la respuesta, los autores del informe presentado por OXFAM en el Foro Económico Mundial de Davos celebrado en enero. El título del Informe no requiere de mucha explicación: “Gobernar para las élites. Secuestro democrático y desigualdad económica”, y se aportan una serie de datos sobre la desigualdad que deben hacer reflexionar seriamente. Me quedo ahora con sus recomendaciones de contenido laboral y que van en la línea del trabajo decente defendido por la Organización Internacional de Trabajadores, como es la de reclamar que todas las empresas que tienen o controlan ofrezcan un salario digno a sus trabajadores, “ya que la desigualdad económica se reduce con medidas como el fortalecimiento de los mecanismos de protección social”, y también “el fortalecimiento de los umbrales salariales y los derechos de los trabajadores” y “la eliminación de barreras a la igualdad de derechos y oportunidades de las mujeres“.

Hay que tomar conciencia de la importancia del derecho al trabajo como un derecho de ciudadanía, y a continuación adoptar las medidas necesarias, tal como propugna la OIT, para que sea un trabajo decente, con derechos que permitan tener una vida laboral digna para toda persona trabajadora. Es curioso que haya que volver a los orígenes del Derecho del trabajo para recordar que lo que puede ser bueno para un empleador, la máxima explotación de la fuerza de trabajo, es nocivo para el conjunto de la sociedad, razón por la cual se adoptaron las primeras normas laborales.

Por ello, y en el siglo XXI, pensar el trabajo en términos únicamente de ingresos económicos, me parece erróneo, aunque sea importante, ya que si no va acompañado de un desarrollo de la persona perderá todo su valor. Y no olvidemos, por favor, que no todo trabajo se encuentra en el mercado. La vida laboral es mucho más que normas, y de ahí la importancia del día a día de las relaciones de trabajo, donde la flexibilidad y el acuerdo entre las partes es mucho, mucho más grande de lo que algunos organismos internacionales, europeos y españoles creen. Si planteamos el debate sobre el pleno empleo vinculándolo a la reducción de derechos económicos y sociales nos estaremos equivocando. Sí es cierto que hay que plantearse cómo está cambiando el trabajo y el impacto sobre la misma, por ejemplo, del cambio tecnológico, de los datos demográficos de envejecimiento de la población en países desarrollados, la mayor presencia femenina en el mercado laboral y de la necesaria incorporación de los jóvenes. Es este el debate, y no el de una reducción de condiciones de vida, y de trabajo, para gran parte de la población mientras se incrementan cada vez más las desigualdades sociales. Al hablar de pleno empleo no podemos pensar únicamente en un porcentaje bajo de trabajadores desocupados, sino también y muy especialmente “la categoría de los puestos de trabajo disponibles y los ingresos que generan”, ya que no basta con que una persona pueda trabajar sino que es necesario que este trabajo sea gratificante, que satisfaga las necesidades materiales y sociales de las personas, o dicho de otra manera, hay que apostar por un “trabajo decente”.

Y en este ámbito es donde debe situarse el debate sobre la reforma del Derecho del Trabajo, con especial atención a su dimensión internacional y europea, con un nuevo marco de negociación colectiva y relaciones laborales que combine seguridad en el puesto de trabajo y más en general en el empleo. Tal como ha puesto de manifiesto el profesor Tizano Treu, hay una proyección global del Derecho del Trabajo y de la protección social para encarar las nuevas realidades, ya que en su gran mayoría aún permanecen dentro de la órbita nacional, y “tarde o temprano, las políticas y las reglamentaciones sociales, al menos aquellas que conciben un desarrollo democrático de la globalización, necesitan ser proyectadas a escala global “.

Estas son algunas ideas para el debate:

La normativa laboral debe proteger a todas las personas trabajadoras, y con más intensidad a los que se encuentran en situación más difícil en el mercado de trabajo. El derecho del trabajo nunca ha sido un freno, y no debe serlo, para permitir el desarrollo de la actividad empresarial que apuesta por la economía social, cooperativa y con participación del personal.

Apostar por la formación es uno de los ejes fundamentales de cualquier propuesta de mejora de la situación, porque sólo aquellas personas bien formadas están en condiciones de adaptarse a los cambios económicos y sociales. Buscar un modelo de empresa que no abdique de la consecución de resultados económicos positivos pero que permita una mejor distribución de los beneficios obtenidos debe ser un punto de referencia básico de una política socialmente progresista.

Apostar por un modelo de “flexibilidad”, palabra tan de moda que ya la hemos desgastado, en el que la seguridad de las personas que tienen un trabajo se combine adecuadamente con la protección de aquellas que buscan, es algo fundamental. Regular mecanismos de protección social que permitan a todas las personas tener unas expectativas de vida razonablemente buenas después de salir del mundo laboral. O dicho con lenguaje más claro: pensiones dignas.

Potenciar una reforma laboral que no desequilibre las relaciones de trabajo en claro detrimento de los trabajadores y de sus organizaciones. Las relaciones laborales que funcionan mejor son las que se basan en el acuerdo y el diálogo social, y las empresas mejores y más socialmente responsables son las que tienen una plantilla bien formada, permanente y motivada. Porque la normativa laboral contribuye al crecimiento económico y a la mejora de los niveles de empleo y de reducción de los de paro en importancia mucho menor que las reformas económicas, las que interesan de verdad.

dominio-06-09

Imagen extraída de: Dominio Público

Para continuar haciendo posible nuestra labor de reflexión, necesitamos tu apoyo.