Atrapadas en el limbo: mujeres, migraciones y violencia sexual

Cristianisme i Justícia. En una escala de situaciones de vulnerabilidad, las mujeres migrantes ocuparían seguramente el lugar más elevado. Cristianisme i Justícia publica “Atrapadas en el limbo: mujeres, migraciones y violencia sexual”, una descripción de la violencia sexual que sufren las mujeres en su camino migratorio, dejando claro, sin embargo, que el fenómeno se enmarca dentro del problema más general de los roles y las desigualdades de género, y de las relaciones de poder que de ello se derivan.

Las personas migrantes se encuentran en una situación de vulnerabilidad muy superior a la de cualquier otra pero, en el caso de las mujeres, es aún mucho mayor. En el último cuaderno publicado por Cristianisme i Justícia, Sonia Herrera hace un análisis de los procesos migratorios desde la perspectiva de género, abordando la realidad de las mujeres migrantes y la violencia que sufren.

“Por su condición de mujer”, afirma Herrera, “las migrantes asumen más riesgos, sobretodo el de ser víctimas de agresiones sexuales o ser explotadas sexualmente”. Los ataques y abusos que sufren se dirigen habitualmente contra su sexualidad, agrediendo su integridad física, psíquica y emocional, y causando importantes secuelas sobre su salud sexual y reproductiva. La situación es especialmente precaria cuando estas mujeres son traficadas por redes de trata y se convierten en sujetas de violencia sexual y maltrato por parte de los propios hombres que las transportan.

Es una realidad común en todo el mundo, aunque existen algunos puntos en los que la violencia es especialmente grave, como la frontera entre los Estados Unidos y México, la de Somalia con Kenia o la de Haití con República Dominicana. En estos casos las mujeres llegan a asumir como un destino ineludible que sufrirán agresiones sexuales o serán violadas en su migración, cayendo en un estado de “desesperanza aprendida”, que las lleva incluso a inyectarse potentes anticonceptivos antes de iniciar el viaje.

La respuesta de las autoridades que deberían garantizar su seguridad es, muchas veces, de indiferencia, discriminación y inoperancia. “En la práctica”, denuncia el cuaderno, “los sistemas jurídicos de muchos de los países donde se cometen las agresiones no ofrecen garantías a las mujeres sobre la defensa de sus derechos ni preserva su libertad de movimiento y integridad física y psicológica”.

Para la autora, la cultura dominante patriarcal y machista sigue legitimando la subordinación de la mujer perpetuando la violencia. Esta realidad, “muchas veces es escondida o tratada de forma residual en los medios de comunicación tradicionales”, asegura. Hacerla visible y exigir medidas que garanticen la seguridad de las mujeres son algunas de las formas de combatir este drama.