Nuevo ciclo político en Chile ¿nuevo modelo de desarrollo?

Nuevo ciclo político en Chile ¿nuevo modelo de desarrollo?

Juan Ignacio LatorreEl 2013 estuvo marcado por la irrupción de la memoria histórica de los 40 años del violento golpe de Estado y la posterior sangrienta dictadura militar en Chile. A estas alturas, casi nadie puede negar que fue un régimen que violó sistemáticamente los DDHH de miles de personas que tenían ideas políticas de izquierdas, y que al mismo tiempo que se asesinaba, torturaba y exiliaba a los partidarios del “cáncer marxista” (como lo denominaba Pinochet), se desarrolló otra cirugía mayor: la implementación autoritaria de una versión del capitalismo salvaje, el neoliberalismo.

En pocos años, se transformó profundamente el código laboral (con un fuerte retroceso de los derechos de los trabajadores y del sindicalismo), el sistema de pensiones de reparto se cambió por uno de capitalización individual con fines de lucro, se crearon seguros privados de salud (con el consecuente debilitamiento del sistema público), se debilitó el sistema público de educación en todos los niveles y se abrió la puerta para la participación de privados (muchos de ellos inspirados solo en una lógica de negocio), el sistema tributario se volvió más regresivo, se privatizaron buena parte de las empresas estatales, se privó al Estado de intervenir en la economía (prevaleciendo una lógica subsidiaria), etc. Todo lo anterior (y mucho más) se abrochó con la Constitución del 80’ que diseñaron los sectores más conservadores de la derecha chilena, quienes se aliaron en el poder a los militares.

Desde el 2011, y como nunca antes desde el retorno a la democracia, están emergiendo en Chile diversos movimientos sociales (estudiantiles, ambientalistas, feministas, diversidad sexual, indígenas, regionalistas, trabajadores…) que están cuestionando estructuralmente el modelo impuesto que heredamos de la dictadura cívico-militar, y que por 20 años de transición pactada, administró eficientemente la Concertación (coalición de centro-izquierda). Sin alterar las bases del modelo neoliberal, se dedicaron a priorizar el crecimiento económico y la reducción de las tasas de pobreza (medida unidimensionalmente según ingresos, dejando que las desigualdades se incrementen), a dar gobernabilidad democrática (desactivando todo tipo de conflictos sociales), estabilidad y respeto al Estado de derecho que protege por sobre todas las cosas la propiedad privada.

Pese a la creciente efervescencia de los movimientos sociales, no lograron canalizar sus demandas en una coalición política que derrote electoralmente a la Concertación (que ahora se llama Nueva Mayoría con la inclusión del Partido Comunista). Se impuso Michelle Bachelet, con su carisma, simpatía y liderazgo nacional e internacional (ONU Mujeres), quien anunció en su programa algunas reformas sustantivas, especialmente en educación y sistema tributario. Además, prometió una Nueva Constitución aunque sin definir el mecanismo por el cual se elaborará (los movimientos sociales demandan Asamblea Constituyente).

Hay muchas expectativas en este período de 4 años que abre un nuevo ciclo político en Chile, sin embargo, nada garantiza que el país vaya avanzando hacia un nuevo modelo de desarrollo que supere el neoliberalismo. A modo de ejemplo, en el programa de Bachelet se propone dar impulso a la economía social y solidaria, pero esto se sitúa dentro de un marco más amplio de apoyo a las PYMES y, en mi opinión, como algo marginal o poco relevante dentro de las propuestas de política pública. Es decir, vamos a seguir teniendo un modelo basado en la exportación de materias primas y recursos naturales sin valor agregado, completamente privatizado, con grandes grupos económicos (nacionales y extranjeros) que concentran la riqueza en pocas manos, pero ahora van a pagar un poco más de impuestos para financiar la reforma educativa, y para legitimar la cuestionada economía de libre mercado, vamos a desarrollar un poco la economía social (cooperativismo, comercio justo, empresas B, etc.)

El neoliberalismo no va a caer por sus propias crisis sucesivas y contradicciones internas, va a ser superado únicamente cuando se logren grandes coaliciones sociales y políticas que tiendan a la convergencia de un nuevo modelo de desarrollo más democrático, equitativo, solidario y respetuoso de la naturaleza y las futuras generaciones que el capitalismo salvaje.

La disputa está abierta y no sabemos el resultado. Sin embargo, los cristianos tenemos la esperanza de que el poder del dinero y la codicia no tienen la última palabra.

Imagen extraída de: El Ciudadano

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