Diálogos norirlandeses

Diálogos norirlandeses

Lucia MontobbioNada que llame la atención a primera vista en Great James Street. Estamos en el pub Derby, en la sala del fondo nos contamos historias a oscuras, y bebemos Guinness mientras fuera llueve y los músicos tocan. Es verano. Podría ser cualquier otra noche en la ciudad en Derry. Sin embargo, en este escenario de madera antigua, alfombras verdes y olor a cerveza, quienes hoy me acompañan son antiguos combatientes.

Quizá alguien ya sabe que el Derby es un pub republicano y católico. Lo lógico pues sería que asistieran ex miembros del conocido IRA (Ejército Republicano Irlandés). Y sí que hay gente de este grupo, pero es que en la misma mesa se sientan ex militantes del bando contrario, protestantes de la UVF (Fuerza de Voluntarios del Ulster). Estas personas llevan años trabajando para establecer vínculos entre una comunidad y otra, para evitar que la historia se repita. La que ellos mismos vivieron en carne propia.

En medio de ellos me encuentro yo, que sólo escucho. Se palpa el proceso de reconciliación, sin tanta teoría de libro. A menudo los contrarios, en las primeras reuniones, no pueden estar en la misma sala mucho tiempo. Abandonar ese odio para humanizar al adversario, cuestionar la lucha armada que ayer tenía tanto sentido, y entender que en las guerras todos salimos perdiendo, que el enemigo también sufrió, no es nada fácil.

La paz requiere tiempo, y reconciliación es una palabra demasiado grande. Ellos prefieren hablar de viaje personal, explican. Será difícil que se avengan y muy improbable que se hagan amigos. De hecho, uno de ellos afirma: “Reconciliación para mí es dejar de desear la muerte del otro”.

Al final de mi experiencia en Belfast, a una hora de Derry, la violencia volvió a las calles durante dos noches consecutivas. El barrio católico de Short Strand fue atacado por unionistas enmascarados. Se lanzaron cócteles Molotov, bengalas, piedras, botellas, vidrios, hierros… Los disturbios terminaron con tres heridos de bala y destrozos tanto en el barrio católico de Short Strand como en el barrio protestante de Newtownards, divididos por la llamada línea de paz, un muro que se alza para separar las dos comunidades.

Si bien la religión no es el motivo principal de las disputas en Irlanda del Norte, la mayoría de los protestantes son unionistas y la mayoría de los católicos son republicanos. Así pues, la religión refuerza la división política. Los unionistas defienden Irlanda del Norte como territorio del Reino Unido que ya es, y los republicanos querrían que Irlanda del Norte se anexara a la República de Irlanda.

La diferencia política, religiosa o de cualquier otro tipo no es mala. Incluso es buena para avanzar. El problema viene cuando este «nosotros y vosotros» se convierte en un «nosotros contra vosotros». Este «contra», en Irlanda del Norte, comenzó ya hace tiempo.

Si nos vamos muy atrás, podríamos afirmar que la confrontación entre Inglaterra e Irlanda por las tierras de esta isla comienza en 1170, con la invasión de los anglonormandos y la batalla de Wexford. Ahora bien, si damos un salto de gigante, es en 1967 cuando encontramos los inicios más recientes del conflicto norirlandés. Fue este año, y después de que la isla se dividiera en dos mitades, cuando los católicos reclamaron igualdad de trato al Gobierno británico. A partir de una asociación llamada NICRA (Derechos Civiles de Irlanda del Norte), pedían las mismas condiciones que los protestantes a la hora de acceder a una vivienda o un trabajo, y en el valor de su voto. Esto fue interpretado como una amenaza por algunos que no querían ver tambalearse su poder.

A partir de aquí la violencia entre republicanos y unionistas, católicos y protestantes, liderada por grupos armados como el IRA y la UVF, fue creciendo y creciendo. La espiral creció a velocidades vertiginosas, y estalló en días dramáticos que todavía agitan la emoción de quien los recuerda.

La violencia visible es sólo la punta del iceberg. Si se corta o se tapa sin trabajar su base, si no se entiende por qué ese cóctel Molotov se ha estrellado contra la casa de la otra comunidad, la punta no tardará en helarse de nuevo. El diálogo entre la comunidad protestante y la comunidad católica, o el encuentro de hoy en el pub son momentos que no deberían pasar desapercibidos.

Los camareros, desesperados, se acercan una y otra vez a la sala del fondo para repetirnos que deberíamos ir saliendo porque quieren cerrar. Salimos y nos quedamos en silencio. Sólo se oye llover y el chasquido de los encendedores. La oscuridad nunca ha sido dócil en esta ciudad. Incluso en tiempos de paz, no convence. Me despido mientras acelero el paso; pronto el sol saldrá catapultado.

Imagen extraída de: Welcome to Derry

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