Emigrantes y refugiados: hacia un mundo mejor

Emigrantes y refugiados: hacia un mundo mejor

Santi Torres [Migra-Studium]. Cada año desde 1914, la Iglesia ha celebrado el 19 de enero la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado. Una oportunidad para renovar el compromiso de servicio hacia aquellas personas que por diferentes motivos han tenido que abandonar su lugar de origen.

Este año el mensaje que tanto el Papa como los obispos han querido transmitir, ha puesto su acento en un triple compromiso que en Migra Studium hacemos nuestro: comprender las causas de las migraciones, trabajar para superar los aspectos negativos que causan sufrimiento y, finalmente, valorar los aspectos positivos, tanto para las comunidades de origen como para las de destino.

Comprender las causas de las migraciones, porque son diversas y fruto de situaciones de graves injusticias y desequilibrios. Como decía un inmigrante rescatado en alta mar “el hambre no conoce fronteras”. Y es el hambre, la falta de perspectivas, las guerras, las sequías, los desequilibrios producto de una globalización que ha mercantilizado la vida humana, las que están en la base de una gran parte de los movimientos migratorios que se producen. Como dice el mensaje de esta jornada “Emigrantes y refugiados no son peones sobre el tablero de la humanidad. Se trata de niños, mujeres y hombres que abandonan o son obligados a abandonar sus casas por muchas razones, que comparten el mismo deseo legítimo de conocer, de tener, pero sobre todo de ser ‘algo más’”. Comprender las causas de las migraciones nos permite conocer mejor las razones del fenómeno, a la vez que nos abre a la necesidad de la denuncia y a la exigencia de adecuadas políticas de ayuda a la cooperación y al desarrollo. Unas políticas que desgraciadamente, han sido gravemente recortadas con la crisis económica.

Superar los efectos negativos de la migración, porque los tiene, y sería ingenuo no reconocerlos: fuertes situaciones de desarraigo, el problema de la comunicación y la lengua, la acogida, el desconocimiento de costumbres y del derecho, la implementación de políticas que vulneran los derechos humanos… Hay leyes que en lugar de superar los aspectos negativos de la migración, los agravan. Y últimamente son demasiadas: el decreto de exclusión sanitaria, el incremento de las expulsiones y el ingreso en Centros de Internamiento, la orden de colocación de elementos cortantes en las vallas de Ceuta y Melilla, las dificultades para la regularización y la reagrupación familiar, el intento de criminalizar la hospitalidad. Solamente con una combinación efectiva de acción asistencial y acompañamiento, junto a la incidencia política y la denuncia, podemos ser fieles a este compromiso de aliviar el sufrimiento que provocan estas leyes.

Pero también debemos comprometernos en realzar los efectos positivos de una inmigración que a través de la pluralidad rejuvenece nuestra sociedad, la enriquece con nuevas cosmovisiones y puede llegar a construir un mundo mejor, y más humanamente interrelacionado. Para ello es muy importante la superación de los prejuicios en la evaluación de las migraciones, pues estos prejuicios constituyen con frecuencia verdaderos obstáculos para una visión positiva de la sociedad plural que está naciendo.

Estos tres elementos se alimentan o tienen su fundamento en “la dignidad de la persona, que no se encuentra en criterios de eficiencia, productividad o clase social, de pertenencia a una etnia o grupo religioso, sino en el hecho ser creados a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26-27).  Se trata pues de que, partiendo de nuestro contacto diario con esta realidad podamos ayudar a otros “a ver en el emigrante y el refugiado no solo un problema que ha de ser afrontado, sino un hermano y una hermana que han de ser acogidos, respetados y amados, una ocasión para la construcción de una sociedad más justa, una democracia más plena y un país más solidario”.

En una jornada así tenemos pues mucho que recordar, denunciar y celebrar.

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Imagen extraída de: Dominio Público

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