Achicando agua de un barco que se hunde

Achicando agua de un barco que se hunde

Santi Torres [Migra-Studium]. Se han abierto las inscripciones a  los cursos de formación que la entidad ofrece durante el segundo trimestre. Cursos de catalán y castellano, de informática, de electricidad, de fontanería, de ayudante de cocina… Son muchas las personas que hacen cola pacientemente en el vestíbulo de Migra, mientras una trabajadora y un voluntario les informan, les preguntan disponibilidades, y toman nota de sus datos. Están acostumbradas a hacer cola y también a esperar. Hay hombres y mujeres. Antes sólo había hombres, pero la nueva realidad de paro y de desprotección ha hecho que muchas mujeres se decidiesen a dar el paso a veces a regañadientes de las propias concepciones culturales. Hay personas de todas las nacionalidades, también personas autóctonas, si bien esta “etiqueta” resulta cada vez más ambigua: ¿cuándo deja uno de ser de allá y pasa a ser de aquí? “Tenemos personas que vienen a inscribirse pero que llevan ya en Barcelona entre 5 y 10 años”, me comenta la educadora del Proyecto de Acogida y formación laboral. La crisis económica se ha cebado en buena parte de la población española, especialmente en aquella parte más vulnerable y que lo había apostado todo a la carta del sector de la construcción, fruto de la burbuja inmobiliaria.

El cambio de perfil obliga a esta entidad y a otras como ella a replantear la atención que hasta ahora estaban ofreciendo. De aquella acogida básica en cuanto a la lengua que servía para mitigar el choque de los primeros meses de llegada, se ha pasado a una necesidad más profunda de acompañamiento social, donde la lengua es un factor, pero lo son también de manera especial la formación laboral o la asesoría jurídica. La dualización social, que los teóricos ven como una de las posibilidades futuras, es ya para las entidades y personas que trabajan con los colectivos más vulnerables una realidad demasiado cercana.

Sin embargo, a veces, da la sensación de estar achicando agua con un cubo de un barco que se está hundiendo, mientras el gobierno (sobre todo el estatal que es quien tiene competencias en inmigración) se dedica a abrir nuevas vías de agua. Un día cae un decreto contra la atención sanitaria universal que ha provocado una enorme desinformación, y que personas con graves patologías no estén siendo atendidas debidamente; otro un intento de reforma del código penal para criminalizar que se ayude a personas “sin papeles”; ahora creando unos centros de internamiento para extranjeros sin contar previamente ni con los recursos suficientes ni con un reglamento, una especie de agujero negro, legal pero también moral; más tarde añadiendo a las vallas de Ceuta y Melilla elementos cortantes con carácter disuasorio, como si aquel que ha llegado a las “puertas del paraíso”, después de toda clase de sufrimientos, se sintiese disuadido por unas “concertinas” (extraño nombre para algo que duele tanto), que les hieran, claro que sí, pero no más que el desierto, los abusos, el hambre o la guerra en el país de origen. La disuasión, como el “efecto llamada”, son un artificio: puro lenguaje de la burocracia ante una realidad humana de desesperación, dos mundos que desgraciadamente no llegarán a encontrarse nunca.

Pero ahí estamos, achicando agua con un cubo en este barco que se hunde. Voluntarios, trabajadores, las mismas personas que vienen para ser atendidas… “Creando- como dice nuestro lema- puentes de diálogo y encuentro”, para que la sociedad que queremos construir no se nos quede entre las manos, deshecha, con bolsas de pobreza y exclusión insalvables. Sino, una sociedad de las oportunidades, una verdadera sociedad de los derechos y deberes, donde cada persona pueda tener un lugar, una dignidad, un horizonte de esperanza. Y mientras avanza la cola poco a poco, entre conversaciones y alguna risa… Rafia, Muhammad, Khan, Haya, Nadia, Touria, José…

Imagen extraída de: Cristian Fleming