Grietas en el muro XXVIII: Red de Apoyo Interlavapiés

Grietas en el muro XXVIII: Red de Apoyo Interlavapiés

Pepa Torres,  Maite Zabalza y Mari Sierra CarreteroSomos un grupo de personas nacidas en países diferentes, de distintas culturas y religiones. Somos de Bangladesh, Senegal, Honduras, Ecuador, España, República Dominicana, Bolivia, Marruecos. Somos musulmanas, cristianas y agnósticas. Somos gente “con papeles” y sin ellos que nos hemos conocido “cruzando fronteras” en Lavapiés, creando lazos entre nosotras y con otras personas y colectivos que luchan por una sociedad diferente, donde ningún ser humano sea ilegal y donde los sueños de dignidad de cada persona y por otro mundo posible puedan realizarse. No somos una ONG, ni una fundación , ni  propiamente un dispositivo de servicios, sino que SOMOS UNA RED DE VIDA, un red mestiza de personas que  sentimos la urgencia actuar frente  a las formas  de injusticia cada vez más brutales que está generando esta crisis: legal, laboral, educativa, sanitaria, etc.

Nuestra fuerza y fragilidad es el capital humano que somos y nuestro poder el de la reciprocidad, la creatividad y los valores de nuestras diversas identidades culturales que desde la relación, la generación de vínculos y la organización política desde lo cotidiano vamos entrecruzando. Buscamos construir juntas/os una forma de vida que no pase por la “guerra al otro”, ni por la estigmatización del diferente, sino por la construcción de un común, un mismo mundo de posibilidades para todos y todas, denunciando que sobrevivir no es un delito y anunciando que el mestizaje y la convivencia en diversidad no solo es posible sino que es engendradora de  prácticas y estilos de vida más humanizadores e inclusivos.

La violencia de los mercados, que se empeña en identificarnos como mercancías y no como personas, el endurecimientos de las políticas migratorias y la criminalización de las luchas sociales nos golpea duramente en nuestro día a día y nos va haciendo  expertas y expertos acróbatas, en la supervivencia y la resistencia cotidiana, por eso nos gusta presentarnos con una  imagen del mundo del circo: la red que sostiene a los trapecistas en sus difíciles equilibrios.

La Red Interlavapiés se parece la red de un circo, porque como ella cuando los acróbatas caen la red está siempre ahí, para parar el golpe, frenar y denunciar la violencia del sistema: detenciones, abusos y violencia policial, deportaciones de compañeros/as, desahucios, actuaciones racistas o xenófobas.  Como la red del circo, la red Interlavapiés impulsa, motiva, refuerza, empodera a los acróbatas para dar el salto de nuevo activando recursos  personales, recomponiendo energías, sueños, proyectos y esperanzas siempre amenazados, pero también expertos en adversidad y resiliencia, porque como dice Mamey, un compañero mantero, “Luchar ya es ganar y no hacerlo es quedarte sin dignidad”. Y por último la red está ahí, de forma discreta, pero real, consistente, con permanencia, con la conciencia clara de que nuestro objetivo no es la visibilidad sino que nuestra visibilidad o invisibilidad están al servicio de los intereses de las personas que formamos la red. A veces visibles, a veces invisibles… lo importante es que la red existe y sabemos dónde y cómo encontrarnos a partir de relaciones concretas y de los colectivos sociales de los que somos parte, nudos de los que tomamos fuerza y sentido a la vez que también la aportamos:

-Un nudo es la Asociación Sin Papeles. Formamos parte de este colectivo desde su nacimiento hace siete años. Seguro que todos recordamos la campaña que llevamos a cabo hace unos años: No en nuestro nombre. Impidamos la deportación, del campamento clandestino de banglas escondidos en los montes de Ceuta, el encierro en San Carlos Borromeo y en Extranjería exigiendo, por razones humanitarias su traslado a la península y la concesión de sus papeles, o la denuncia  de las redadas racistas en nuestros barrio y los  Centros de Internamiento de Extranjeros (CIES), o la campaña Sobrevivir no es un delito por la despenalización del top manta. Actualmente nuestras energías están puestas en fortalecer la alianza migrantes-precarios y la defensa de luchas comunes: salud, educación, vivienda, y en la campaña Nosomosdelito contra la reforma del Código Penal que endurece nuevamente con penas de cárcel la venta en la manta.

-Un segundo nudo son los grupos UIRDEAKI de apoyo a detenidos/as  que nacieron hace ya muchos años en  el hall de la comisaría de Leganitos como fruto de la indignación y la rabia ante la detención de varios compañeros. Hoy esos compañeros tienen papeles y forman parte activa también del mismo grupo apoyando a otros y otras. Actualmente estos grupos forman también parte de la plataforma yo sí sanidad universal y son grupos de acompañamiento en la  en la desobediencia al decreto sanitario

– Otro nudo del que somos parte es la Comisión de vivienda 15 M de Lavapiés  porque entendemos que  la propiedad tiene una función social y que los desahucios son el  último eslabón de una cadena de degradación humana intolerable, que condena y penaliza a los pobres y continúa enriqueciendo a los bancos, máximos responsables del desastre inmobiliario español y de esta crisis.

La red toma tonalidad violeta y feminista en dos nudos muy significativos para nosotras: el movimiento de mujeres Territorio doméstico y el colectivo Agar, Espacio de Investigación y encuentro desde la diversidad.

Territorio doméstico, somos un movimiento de mujeres que nos definimos a nosotras mismas como mestizo, transfronterizo y feminista, mujeres que denunciamos la crisis global de los cuidados y su consecuencias en la vida de las  mujeres  y luchamos juntas por la visibilización y dignificación del empleo de hogar “porque sin  nostras no se mueve el mundo”. Actualmente seis compañeras, dos de ellas  “sin papeles”, sostenidas en la fuerza de la red, se han atrevido a denunciar a sus empleadores por incumplimiento de pago y han ganado la intermediación, porque como decía una de ellas, “aunque no  tengo papeles tengo derechos humanos”. Son pequeñas grandes victorias que no ocupan los canales de la tele como la Merkel o la Soraya Sáenz de Santamaría, pero alientan la esperanza y actúan como luciérnagas en la noche. También recientemente hemos colaborado en la investigación Violadas y expulsadas: la violencia sexual en las mujeres con situación irregular, llevada a cabo por la fundación Aspacia y formamos también parte del grupo “Turín” en el que juntos con  otras organizaciones estamos realizando una campaña para exigir que el gobierno español ratifique el convenio 189 de la OIT sobre empleo doméstico.

Hace apenas tres años la red se extendió con nuevos hilos en el tejido de un espacio feminista de espiritualidad política buscando reconciliar a Sara y Agar, madres de dos religiones históricamente enfrentadas: judaísmo e islam, mujeres enemistadas por el patriarcado y con una deuda pendiente en la reconciliación desde una perspectiva de sororidad. Con ese espíritu  nació el colectivo Agar como un espacio de mujeres de distintas religiones y de ninguna, mujeres que queremos transitar fronteras movidas por una espiritualidad feminista que trasciende toda religión, buscando espacio de convergencia, profundización y celebración de la vida. La expresión más cuidada de este espacio son los ritos que celebramos mensualmente que nos ayudan a superar tabúes que las religiones nos imponen y a elaborar desde ahí una palabra espiritual propia liberada del patriarcado.

Un recién entramado de la red que estamos empezando a anudar es la Asociación Senda de cuidados formada por gentes vinculadas a movimientos sociales, colectivos de barrio y cristianas y cristianas de base de Madrid que pretende promover la integración social cultural y laboral de personas extranjeras en riesgo de exclusión a partir de  la formación y apoyo al autoempleo.

La pertenecía a la red es diversa. Cada persona ve dónde y cómo se ubica en ella desde sus posibilidades. Hay gente que se sitúa en un nivel de acompañamiento, otras más en la denuncia organizada, otras en la formación o el refuerzo de las motivaciones, otras apoyando las cajas de resistencia, etc., y otras formando parte de la comunidad de donde salieron algunas de las primeras puntadas de esta red: tres mujeres, enamoradas de Lavapiés y sus gentes: una laica y dos religiosas de diferentes congregaciones (Dominicas de la enseñanza y Apostólicas del Corazón de Jesús) que convocadas por la Buena noticia de Jesús, queremos ser testigos de hospitalidad, acoger los valores que portan nuestros “vecinos/as  y amigos/as  del mundo” y tejer juntas redes de solidaridad y apoyo mutuo, cruzar fronteras y desobedecer leyes injustas.

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