Un azúcar muy amargo. Esclavos en su propio país en el Siglo XXI

Un azúcar muy amargo. Esclavos en su propio país en el Siglo XXI

José María Segura“Trata de personas y/o trabajo forzoso; trabajo infantil; condiciones de vida deplorables e insalubres; denegación de servicios médicos, pensiones y otros beneficios adquiridos;  negativa a informar y publicar las tarifas vigentes y las modalidades de pago; condiciones de trabajo peligrosas; negativa a entregar contratos de trabajo por escrito; manipulación del pesaje de la caña de azúcar; y  despido como represalia por afiliarse o por intentar organizar grupos de trabajadores o gremios, o por participar en demandas contra sus empleadores”.[1]

Este texto debería pertenecer a algún archivo enmohecido, perdido en la sección de “Nunca más” de un museo de aberraciones del pasado. No es así. Lamentablemente, es un extracto del informe del departamento de trabajo de EEUU sobre la situación de los trabajadores en los bateyes (plantaciones de caña destinadas a la industria azucarera) de República Dominicana. Así lo denuncia también Raúl Zecca Castel en su estudio para la Università di Milano[2]quien habiendo realizado unas 200 entrevistas en 40 comunidades de bateyes afirma: “el grupo Vicini y la empresa Campollo (consorcio Castelar en esa provincia de San Pedro de Macoris) violan sistemáticamente los más básicos derechos laborales –y no solo laborales–de sus trabajadores.”[3] 

Estas denuncias no sólo no son una pesadilla del pasado sino que parecen arraigadas en la realidad de la República Dominicana. Pareciera que la industria azucarera ha encontrado la manera de seguir teniendo mano de obra barata, porque recientemente, el Tribunal Constitucional  de República Dominicana desnacionalizó a más de cuatro generaciones de dominicanos y dominicanas de ascendencia haitiana. Esta sentencia que según la plataforma de Derechos Humanos “viola al menos quince artículos de la Constitución dominicana y que apela a criterios raciales para despojar la nacionalidad”[4], es un nuevo ataque “legal” a los derechos humanos en Dominicana que viene gestándose desde el año 2007.  Desde entonces, la Junta Central Electoral de República Dominicana (JCE) ha estado limitando el acceso a las copias de actas de nacimiento y documentación de identificación de unos 1.300 dominicanos/as de ascendencia haitiana (cálculo del Servicio Jesuita de Refugiados y Migrantes (SJRM)). En 2010 se modificó la constitución Dominicana para restringir el acceso a la nacionalidad dominicana, que era otorgada por el hecho de nacer en el país (Jus Soli), a hacerla depender de la nacionalidad de los progenitores (Jus Sanguinis). Y reciente, una sentencia del tribunal constitucional que avala el genocidio civil desatado por la JCE. Esta sentencia avala que unos 4000-5000 ciudadanos/as dominicanos/as se vean despojados de su ciudadanía. Los afectados por este genocidio civil pertenecen en gran parte precisamente a las poblaciones recogidas en el informe del departamento de trabajo de EEUU.

Esta sentencia parece una manera de amparar e instigar la campaña de desnacionalización que la JCE ha estado aplicando desde 2007, eliminando del registro civil a ciudadanos dominicanos de ascendencia haitiana. Los afectados son fundamentalmente residentes en  zonas tradicionalmente dedicadas al cultivo de la caña, descendientes de migrantes haitianos que ingresaron en Dominicana hace 40-50 años con permiso de trabajo para trabajar en las plantaciones. Por haber nacido en la República Dominicana, y por estar sus progenitores legalmente en el país, los ahora perseguidos por el estado dominicano son ciudadanos dominicanos de pleno derecho. En este genocidio civil, se está negando la renovación de actas de nacimiento a ciudadanos dominicanos a quienes estas les habían sido expedidas por autoridades estatales dominicanas. Esta actuación de la JCE, amparada ahora por el Tribunal Constitucional supone una violación del derecho de nacionales dominicanos a su nacionalidad que está amparado por el derecho constitucional dominicano y por tratados internacionales firmados por la República Dominicana.

Como resultado de tales medidas, estos ciudadanos dominicanos se encuentran que los derechos que llevaban ejerciendo durante años han sido “suspendidos temporalmente” lo que tiene graves consecuencias en todos los ámbitos de su vida como explica el informe de Caterina Civolani Hischnjakow titulado “Vidas Suspendidas”.[5] Efectivamente, negándoles el derecho a renovar su documentación, se les niega el derecho al voto, a contraer matrimonio legalmente, y la posibilidad de iniciar o continuar sus estudios. Más aún, los afectados se encuentran apátridas y “secuestrados”, sin nacionalidad y sin poder salir del país al no poder  renovar su pasaporte. Sus vidas han sido “suspendidos temporalmente”.[6] Para acompañar y defender a los afectados por este genocidio civil, el Servicio Jesuita a Refugiados y Migrantes (SJRM), con el apoyo entre otros de Entreculturas, inició un proceso para acompañar y defender a esta población. Nació el movimiento Reconoci.do.

Apoya el derecho de los Dominicanos/as de ascendencia haitiana a ser ciudadanos/as

https://secure.avaaz.org/es/petition/Evitar_el_despojo_de_la_nacionalidad_y_garantizar_los_DDHH_de_dominicanosas_de_ascendencia_haitiana_en_Rep_Dominicana/?copy

Permitidme terminar repitiendo la pregunta:

Preguntémonos con Agustín, Aquinas, Thoreau, Rawls ¿Es moral esta sentencia del tribunal constitucional que ampara el genocidio civil? ¿A quién favorece esta medida? ¿Será casualidad que los afectados por la sentencia pertenezcan a los colectivos cuyos derechos están violando sistemáticamente las empresas azucareras según el informe del departamento de trabajo de EEUU? Y si en conciencia consideramos que esta ley que erosiona la dignidad de las personas es inmoral, entonces, amparados por la tradición de la desobediencia civil, resistamos civilmente esta aberración hecha ley.

Para leer más sobre la situación de los trabajadores de caña en Dominicana:

En el Púlpito de la miseria de Joana Socias.


[1] Resumen de la Comunicación Pública ante los EE. UU. 2011-03 (República Dominicana). El presente informe se ha realizado como respuesta a una comunicación pública ante los EE. UU. 2011-03 (República Dominicana) presentada por el Padre Christopher Hartley el 22 de diciembre de 2011 ante la Oficina para Asuntos Comerciales y Laborales (OTLA, por sus siglas en inglés), de la Oficina de Asuntos Laborales Internacionales del Departamento de Trabajo de los EE. UU. La comunicación alega que se violó el capítulo laboral del Tratado de Libre Comercio entre la República Dominicana, Centroamérica y los Estados Unidos de América (CAFTA-DR, por sus siglas en inglés), el cual está en vigencia entre los Estados Unidos y la República Dominicana desde marzo de 2007.

[2] Investigación para la Università di Milano – Bicocca sobre las condiciones laborales de los migrantes haitianos empleados en el corte de la caña. Raúl Zecca Castel

[4] Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), Centro de Asesoría e Investigaciones Legales (CEDAIL), Movimiento Socio Cultural para Trabajadores Haitianos (MOSCTHA), Fundación Étnica Integral (FEI), Red Jacques Viau, Movimiento de Mujeres Dominico- Haitianas (MUDHA), Centro Cultural Dominico- Haitiano (CCDH) , Centro Bonó, Observatorio de Migrantes del Caribe (OBMICA), Movimiento Reconocido, Visión Mundial República Dominicana, Asociación Scalabriniana al Servicio de la Movilidad Humana (ASCALA), esa Nacional para las Migraciones y Refugiados (MENAMIRD), Centro de Formación Social y Agraria (CEFASA)

[5] “Vidas Suspendidas. Efectos de la Resolución 012-07 en la población dominicana de ascendencia haitiana.” Katerina Civolani Hischnjakow Santo Domingo, República Dominicana. Noviembre, 2011 Publicadada por el Centro Bonó con el apoyo entre otros de Entreculturas.

[6] Vidas Suspendidas. Katerina Civolani Hischnjakow, Santo Domingo, República Dominicana, noviembre 2011. Publicado por el Centro Bonó con el apoyo, entre otros, de Entreculturas.

Imagen extraída de: Periodismo Humano

Para continuar haciendo posible nuestra labor de reflexión, necesitamos tu apoyo.