Es necesaria una negociación en Egipto

Es necesaria una negociación en Egipto

Jaume FlaquerEgipto no encontrará solución al conflicto sin negociación pero cuantas más muertes se produzcan, más difícil será no caer en el abismo. La delegación norteamericana ha fracasado en su primer intento, así que los Estados árabes que apoyan a cada una de las partes deberían forzarlas a sentarse alrededor de una mesa. Turquía y Qatar deberían presionar a los Hermanos Musulmanes después de haberlos sostenido económicamente el año pasado, y Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait (y por supuesto EEUU) deberían condicionar toda nueva ayuda económica al nuevo régimen a una verdadera voluntad de negociación. Ésta pasaría necesariamente por una liberación del expresidente Morsi, por una renuncia de éste al poder y por la formación de un gobierno de unidad nacional que prepare un nuevo proceso democrático. Desgraciadamente cada vez estamos más lejos de esto. ¡Y Europa, de nuevo, está en fuera de juego!

A pesar de que la toma del poder por parte de los militares sea inaceptable desde el punto de vista democrático, la cordura política impide en estos momentos la exigencia de su vuelta, pero los Hermanos Musulmanes se niegan radicalmente. El ejército no es menos inflexible y está cada vez más cerca de ilegalizar a la cofradía. Esto nos situaría en la “casilla de salida”, no en la de la caída de Mubarak sino en la de 1954 cuando Abdel Naser los ilegaliza y reprime. Esto echaría por tierra más de 30 años de acercamiento hacia la democracia desde que en 1978 renunciaran públicamente a la utilización de la violencia en Egipto, no a la lucha por la causa palestina. Los partidarios de la violencia fueron obligados a agruparse entorno a otra organización, la Gama´a islamiyya que asesinó al presidente Sadat en 1981. Progresivamente, no sin intensos debates internos, los Hermanos Musulmanes han ido aceptando la lógica de los partidos políticos. Sin embargo, al continuar siendo una organización fundamentalista en lo religioso, no han conseguido una fundamentación islámica de la democracia. Por ello, al llegar al poder se apresuraron para empezar un proceso de islamización de los códigos jurídicos.

Un escenario con los Hermanos Musulmanes ilegalizados abocaría a una permanente situación de inestabilidad con estallidos de violencia periódicos, la gravedad de los cuales dependerá de la postura que tomen sus dirigentes. Si es de una cierta moderación se desprenderán de ella movimientos como el de la Gama´a islamiyya de antaño o como el GIA de Argelia de los noventas que buscarán apoyo de al-Qaeda. Si por el contrario llaman a la lucha armada –aunque no creo que lo hagan de manera abierta– entraríamos en el peor escenario posible.

Por ahora, la violencia se está dirigiendo hacia los militares, edificios gubernamentales e iglesias cristianas, vistas como colaboracionistas con el régimen militar. Ciertamente la comunidad copta aplaudió sin fisuras el golpe militar y el Papa Copto se hizo presente en el momento de su anuncio, pero también estaba la máxima autoridad islámica del país, el rector de la universidad al-Azhar. En realidad, no podemos decir que el poder militar sea “laico” pero al menos bajo el régimen de Mubarak pudieron construirse centenares de iglesias y restaurarse las antiguas, pagando, eso sí, los sobornos correspondientes para poder agilizar el proceso burocrático.

El rechazo por parte de los Hermanos Musulmanes de la mediación del rector de al-Azhar por considerarlo un instrumento del poder abre la vía a la justificación de atentados contra los propios musulmanes declarándolos “infieles”. De esta manera tendríamos la base ideológica necesaria para la irrupción de atentados indiscriminados del terrorismo de justificación islámica. A principios de verano una cuarta parte de la población egipcia se manifestó para volver a los “ajos y cebollas de Egipto”. Ahora, de nuevo, viven bajo la esclavitud del poder militar.

Imagen extraída de: El Punt Avui

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