La desigualdad no es buena, ¡ni para los ricos!

La desigualdad no es buena, ¡ni para los ricos!

Francesc Mateu i Hosta. [La creu del Sud] Con la fortuna de las 100 personas más ricas del mundo podríamos terminar cuatro veces con la pobreza en el mundo.

El problema no radica en la pobreza, sino en la desigualdad. Los representantes del poder económico reunidos en el Foro Económico Mundial o el Fondo Monetario Internacional lo reconocen y así sale reflejado en sus diarios como The Economist.

Las grandes fortunas simbolizan la riqueza extrema. El 1% de los más ricos del planeta ha visto incrementada durante esta crisis su riqueza en un 60%. Aquí en casa también aumenta el consumo de objetos y bienes de lujo. ¿Eso es bueno? Rotundamente no: la riqueza extrema y la desigualdad es un problema para todos. ¿Por qué?

Porque es ineficiente económicamente. Tanto dinero en manos de una persona, es poco útil. Cuando ya tienes 10 yates de lujo no compras muchos más. Este dinero en manos de cientos de miles de personas incrementaría el poder adquisitivo general.

Porque es corrosiva. Las grandes fortunas siempre quieren incidir en el poder político para mantener sus privilegios y, por tanto, son un peligro para la democracia y la participación.

Porque son fuente de conflicto y división. Las diferencias tan evidentes y abismales entre ricos y pobres generan inestabilidad política y social, y pueden desencadenar situaciones de violencia que las grandes fortunas tampoco desean.

Porque no son éticas. “La tierra produce lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no la codicia de cada hombre” dijo Ghandi. Desde el punto de vista ético es imposible justificar la desigualdad, especialmente cuando ésta degrada la dignidad humana de miles de millones de personas en el mundo, que no tienen lo imprescindible para vivir.

Porque son evitables. Tenemos suficientes mecanismos para legislar y tomar decisiones políticas para evitar esto. Una solución es no hacer ningún recorte social porque afectan a los que menos tienen. Otra, que nos ayuda a evitar los recortes, es recaudar los 88.000 millones de euros que el gremio de inspectores de Hacienda dice que se defraudan cada año, o los 260.000 euros de impuestos que se recaudarían en la UE si el dinero de muchos europeos no estuviera en paraísos fiscales.

El obispo brasileño Helder Câmara dijo: “Si le doy de comer a los pobres me llaman santo, pero si pregunto por qué hay pobres, me llaman comunista”. Dejémonos de etiquetas. Sin riqueza extrema no habría pobreza extrema. Las dos cosas las podemos evitar. ¿A qué esperamos?

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Puedes encontrar más información en el informe original de Intermón Oxfam aquí

Imagen extraída de: pobrezamundial.com

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