Militantes de una duda fértil

Militantes de una duda fértil

Xavi Casanovas. [El Pregó] El pasado 8 de mayo tuvo lugar en el Casal Loiola (Barcelona) un amable coloquio entre el teólogo J.I. González Faus y la periodista, escritora y expolítica Pilar Rahola. El tema del debate eran las cartas que durante los últimos dos años se habían ido escribiendo dentro de sus respectivas columnas de La Vanguardia. El punto de partida fue la perplejidad y la admiración de Pilar Rahola ante el hecho creyente —«Gente que cuando reza ama, y amando ilumina un poco los rincones sombríos de este mundo»— y su incapacidad para dar el salto a la fe —«prefiero militar en la duda… que no concede ningún bálsamo. Nadie puede hacerse trampas en el solitario en las cuestiones de fe»—.

J.I. González Faus puso aquí el primer matiz. Según él, podemos hablar de tres tipos de duda: la duda ungüento, aquélla que evita estar tan absolutamente convencido de la verdad como para tener que eliminar al otro: «En la vida del espíritu no hay mentiras, sino que la falsedad es una dosis equivocada de verdad »; una segunda duda que es columpio, la duda cómoda del que un día está aquí y el otro allá, y una última duda que es aguijón: te hace buscar, preguntarte, te inquieta, etc.

El debate resitúa el concepto de fe, no como contrario a la duda, sino como contrario al miedo, a la desconfianza. La pregunta quedaba reformulada: ¿podemos o no podemos confiar en el Hombre? «La fe es una confianza en que al final triunfará el bien. La fe es un riesgo, correr este riesgo es creer que las víctimas serán reivindicadas».

Pilar Rahola lo dejó muy claro: ella cree en el amor vivido en su familia, en el comedor de su casa. Se desnudó explicando detalles de su vida familiar, de sus dos hijos adoptados, de la dificultad de hacer crecer en el amor a criaturas que habían sido abandonadas o maltratadas. De la fe de su marido, creyente, y cómo de esta fe también ella se alimenta. Estuvo realmente emotiva. Pero ante la pregunta del público «Y todo este amor, ¿no es un regalo de Dios?», ella respondió: «No, yo creo que es un aprendizaje. El amor se aprende, y yo lo he aprendido en casa». Constataba cómo había visto que el amor transformaba a las personas, pero que, si miramos el transcurso de la historia, le es imposible creer en la humanidad, «los humanos somos un virus para el planeta».

El diálogo fue sereno, respetuoso, y la complicidad entre los ponentes, absoluta. Destacaría la declaración de intenciones de Pilar Rahola: «No he venido a hacer surf intelectual, eso es lo que hago en la radio y la televisión. Aquí venimos a hacer submarinismo». Me hace pensar cómo alguien de la sensibilidad y profundidad intelectual que ella demostró se deja llevar por el juego mediático de los medios basura y el «a ver quién grita más», alimentando así el monstruo de la frivolidad y la superficialidad, siendo consciente de las consecuencias negativas que esto tiene para nuestra sociedad. Pero no tuve oportunidad de preguntárselo.

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Se puede encontrar el debate entero en vídeo y audio, así como las cartas entre J.I. González Faus y Pilar Rahola en la web y el blog de Cristianisme i Justícia.

Imagen extraída de: La viñeta del lector

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