Vivir desde dentro

Vivir desde dentro

Josep F. Mària sjUn fin de semana de abril nos reunimos una docena de universitarios/as en management y cuatro profesores en la Cova de Sant Ignasi en Manresa. El objeto del encuentro era ofrecer pistas a los universitarios, que estaban acabando la carrera, con el fin de afrontar los retos profesionales y humanos en los años que les queda por delante. A lo largo de las diversas actividades, emergieron debates muy ricos acerca de tensiones vitales insolubles: vida personal vs vida profesional; responsabilidad ante la familia (negocio familiar) vs carrera personal desligada del negocio familiar; carrera profesional del marido vs carrera profesional de la esposa; decidir libremente vs aceptar situaciones que nos vienen impuestas.

Con el fin de afrontar todas estas tensiones vitales, una de las pistas sobre las cuales debatimos estuvo relacionada con la importancia de “vivir desde dentro”.

“Vivir desde dentro” quiere decir:

a) No dejar la vida en manos de otros. “He de vivir mi vida, no la de los otros. Me siento llamada a vivir mis éxitos y mis fracasos, no los éxitos o los fracasos de los demás”, nos decía Eulalia, una profesora de ciencias que dio su testimonio aquel fin de semana en la Cova.

b) No decidir en función de valores superficiales. Durante aquellos tres días, estuvimos discutiendo la diferencia entre valores/finalidades/bienes intrínsecos y valores/finalidades/bienes extrínsecos. Los extrínsecos son los superficiales, en tanto que dependen de una recompensa o aprobación exterior, e incluyen la riqueza material, la belleza, la popularidad, el prestigio; los intrínsecos son los que dependen de mi propia recompensa o aprobación, e incluyen intimidad, crecimiento personal, contribución a la comunidad (“dejar huella”), etc. Dicen algunos psicólogos que los extrínsecos pueden generar ansiedad, depresión y enfermedades psicosomáticas; mientras que los intrínsecos conducen a una mejor calidad de vida.

c) Escuchar el corazón y actuar al servicio de mi proyecto personal. Ante cada reto vital en que me encuentro, es bueno responder por medio de acciones que me mantienen al servicio de mi proyecto personal. Un proyecto que enraíza en mi intimidad, y que por esta razón extrae de esta intimidad luz y fuerza. Un proyecto que se va desplegando a medida que respondo a los retos vitales después de haber hecho una excursión explícita hacia esta intimidad: a medida que vivo “desde dentro”, es decir, escuchando esta intimidad que algunos llaman “el corazón”.

El marco de nuestra reflexión, la Cova de San Ignasi, nos aportó dos pistas más en relación con “vivir desde dentro”. La primera es una extraña fórmula vital que conecta el proyecto personal con el trabajo por un mundo más justo: la plenitud personal se persigue y consigue cuando pongo mi vida al servicio de los otros, según el estilo de Jesús de Nazaret, el maestro querido de Ignacio de Loyola. La segunda es la convicción que el Espíritu de Jesús, el Espíritu Santo (“Así como el Padre me ha enviado, yo os envío a vosotros… Recibid el Espíritu Santo” Jn 20, 21—22), actúa justamente en la intimidad de las personas: haciéndoles sentir que los bienes extrínsecos son efímeros, y que los bienes intrínsecos son duraderos. Dándonos luz y fuerza para desplegar el proyecto personal al servicio de los otros. Facilitándonos, en palabras de Ignacio, vivir “en todo amando y sirviendo”.

Imagen extraída de: Foto Community