Gestionar la soledad

Gestionar la soledad

Jesús Renau. Uno de los signos de madurez y sabiduría humana es aprender a gestionar la soledad, la propia y la de los otros. Y si esto es válido para cualquier tiempo, en época de crisis es aún más importante y urgente, pues la soledad aumenta y puede llegar a unos niveles insoportables.

Quien más quien menos, todo el mundo sabe que es la soledad. Por muy buenas relaciones que uno tenga, y en el nivel de profundidad que sea, la persona humana siempre está de tal manera abierta a sí misma que experimenta para bien o para mal, unos espacios interiores de soledad prácticamente inaccesibles. Guiados por la propia experiencia o por los testimonios o acertados consejos de otros, vamos aprendiendo a gestionar la soledad. A veces, esta nos sorprende de forma inesperada, otras veces la vemos venir, y lo que necesitamos es aprender a reaccionar de forma que evitemos pasar de la soledad a la tristeza, a sentimientos depresivos y finalmente a una visión de la vida con tonos demasiado oscuros. Poco a poco  podemos preverla, y disponer de algunos medios para evitarla: determinadas relaciones, aficiones (lecturas, paseos…) y vida interior. Gestionar bien la soledad personal es un hábito que facilita el bienestar interior, la felicidad serena y estimulante, y sobre todo la capacidad de poder compartir y ayudar.

En tiempos de crisis como el actual, la soledad aumenta mucho más de lo que a primera vista puede parecer. Hay mucha gente desecha, que encuentra en la propia acusación la respuesta a unos males que son fruto de unas injusticias nefastas e incluso criminales. Se atrincheran en su interior y van royendo el pan duro del propio fracaso hasta romperse los dientes. Todos hemos visto en la televisión hombres y mujeres que llegan al suicidio porque no tienen otra forma de protestar. La soledad personal, la de las familias enteras, la de los grupos de parados, las dudas, los miedos, los terribles interrogantes cuando uno piensa en los hijos, etc. Una auténtica crisis humanitaria, a menudo escondida y silenciada.

Acompañar estas situaciones, estar cerca, entender lo que el otro siente y pasa, compartir… y a veces tener recursos humanos y espirituales para ofrecer humildemente compañía. ¡Acompañar, misión humana y cristiana bien importante y urgente! La relación, la conversación, el grupo que lucha en equipo, los pequeños éxitos, el saber y aprender a disfrutar de la sencillez y gratuidad, son recursos para gestionar con acierto esta soledad que no es fruto de la condición humana sino de la explotación y el abandono social que hoy se extiende en esta nueva “sociedad del malestar”.

Imagen extraída de: Metamorfosis/Blogs La Vanguardida