Lunes sin carne. ¿No era los viernes?

Lunes sin carne. ¿No era los viernes?

José EizaguirreMe lo decía hace poco un amigo mío: en su comunidad cristiana llevan un tiempo poniendo en práctica los “lunes sin carne”, comprometiéndose cada familia de la comunidad en cocinar ese día de forma no carnívora y compartiendo recetas para ayudarse mutuamente.

¡Bonita iniciativa! Pero… ¿esto de la abstinencia de carne no era los viernes? Bueno, depende…

Hace un año comentaba en este mismo blog “nuevas dimensiones de la abstinencia de carne“, invitando a considerar, más allá de las dimensiones clásicas cristianas del sacrificio y la penitencia, otros aspectos de plena actualidad: lo solidario, lo sostenible, lo saludable y lo ético. Cada vez hay más personas conscientes de las enormes repercusiones negativas que tiene el consumo creciente de carne y cada vez son más los que se apuntan a un gesto de renuncia, permanente, periódica o esporádica. Renuncia voluntaria que, según circunstancias, puede quedarse en la intimidad de nuestro aposento, “para que lo note, no la gente, sino el Padre que ve en lo escondido” (Mt 6, 18), y que también puede contarse con naturalidad y explicarse con humildad “para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre” (Mt 5, 16).

Partiendo de esta conciencia, un grupo de personas en Estados Unidos comenzó a difundir la idea de que si decidiéramos prescindir de la carne un día a la semana, los beneficios medioambientales, sociales y en términos de salud serían enormes. Y decidieron empezar por dar ejemplo y por extender la propuesta “meat free mondays“. Y como sucede con este tipo de movimientos del tipo de “periferias enredadas“, hoy están presentes en más de veinte países (incluido España), en cuya página web nos presentan algunas cifras astronómicas de cuánto ahorraría, por ejemplo, una ciudad como Madrid (en toneladas de cereales, hectáreas de selva amazónica, metros cúbicos de agua y toneladas de CO2) por cada día sin consumir carne. “No te estamos pidiendo que te hagas vegetariano o que te conviertas en abogado de los derechos de los animales, simplemente que tomes el compromiso de no comer carne una vez a la semana. Ninguna otra acción resultará tan simple y tan poderosa para hacer algo por el planeta”, nos recuerdan.

Personalmente estoy convencido de ello. Reducir nuestro consumo de carne -sobre todo la producida de forma intensiva- es hoy una de las mejores contribuciones a otro mundo mejor y más sostenible. Pero además, también estoy convencido de la fuerza que pueden tener los pequeños gestos de renuncia voluntaria por un fin altermundista. En un lenguaje deliberadamente cuaresmal, no convertiremos (transformaremos) el mundo si no nos convertimos (transformamos) nosotros. Y para ello, los pequeños gestos personales, familiares y comunitarios son más potentes de lo que creemos. Son esas “cosas chiquitas” de las que habla Eduardo Galeano “que no acaban con la pobreza, pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable”. Actuar sobre nosotros mismos y cambiarnos, aunque sea un poquito, y experimentar la alegría de poder hacerlo, y probar que haciéndolo así no solo vamos creciendo nosotros en humanidad sino que contribuimos a que el mundo sea globalmente más humano. Sin duda, es una manera de mostrar que este mundo de Dios tiene remedio.

Otros ya lo van descubriendo. El Blog Alternativo propone una sección llamada “Los viernes de Ecología cotidiana“: un día a la semana (esta vez sí los viernes) para poner en práctica consejos y sugerencias de vida doméstica sostenible. Un día a la semana para empezar a vivir de otra manera, menos contaminante, más sosegada, menos dañina para otra gente, más saludable…

Como cristianos, no podemos sino alegrarnos de compartir esta conciencia y estas propuestas de gestos semanales. Cada uno, desde donde está y hasta donde puede, que vea por dónde empezar. Los lunes sin carne, los martes sin televisión, los miércoles sin internet, los jueves sin coche, los viernes sin cena (o sin desayuno), los sábados sin plásticos… por poner algunos ejemplos que seguramente no valgan para todos.

¿Me dejo el domingo? Es verdad. Y los domingos… sin despertador, sin prisa, sin agobios. Que también así, sobre todo los que vivimos en ciudades, vamos creciendo en humanidad.

Imagen extraída de: Eco-carnes