Cuaresma: el Papa y unos testimonios incómodos

Cuaresma: el Papa y unos testimonios incómodos

Pau Vidal. [Kakuma] Hace unos días, la narración de la Creación (Gn 1) era la primera lectura sugerida por la liturgia. En este mito fundacional, Dios crea haciendo sitio, abriendo los cielos, las aguas… Todos sus movimientos son espaciales, hacer sitio, abrir, separando las aguas de arriba de las de abajo para permitir la vida… Coincidencia: aquel mismo día, Benedicto XVI, con un gesto audaz renunciaba, es decir, hacia sitio, dejaba paso a alguien más joven, con más energía y fuerza para ser el obispo de Roma.

Dos días después, ya en plena cuaresma, el mismo Benedicto XVI mostraba porqué y para quién había que hacer sitio. Sorprendentemente, durante su audiencia (texto completo aquí) mientras comentaba el evangelio del Domingo (las tentaciones de Jesús), el Papa ofreció como testimonios tres personajes marginales, excéntricos, desconocidos para muchos. No citó a Madre Teresa de Calcuta, Juan Pablo II, o Escrivà de Balaguer (recientemente elevados a los altares) lo que hubiera sido lo más previsible. Tampoco citó, por ejemplo, al obispo Romero, Juan XXIII o Marcel Légaut, testimonios un poco más incómodos para el status quo. Benedicto XVI fue mucho más allá, rompiendo moldes y barreras al citar a Pavel Florensky, Etty Hillesum y Dorothy Day. Pero, ¿quiénes son estos personajes ejemplares que propone el Papa para estos tiempos de incertidumbre?

Pavel Florensky, un científico agnóstico ruso que se convirtió a la Iglesia Ortodoxa. Se casó y poco después fue ordenado sacerdote. Trabajó para el estado ruso, hasta que el mismo régimen soviético lo acusó de agitador. Fue condenado a trabajos forzosos y finalmente ejecutado.

Etty Hillesum, una joven holandesa, judía asesinada por el régimen nazi en Auschwitz. Su diario personal es estremecedor, por su profundidad, su sensibilidad, la fe y la pasión de esta muchacha rodeada de dolor y muerte.

Dorothy Day, una mujer con una juventud tumultuosa, muy implicada en los movimientos anarquistas y las luchas sociales de la primera mitad del s. XX en los EUA. Lentamente fue tomando conciencia de la fuerza del evangelio, e integró la pasión por construir el Reino de justicia con la fe profunda en la acción de Dios en la historia. Para ella compartir vida en comunidad con los más desfavorecidos era algo esencial.

Un científico cristiano ortodoxo, una judía asesinada por el nazismo, y una luchadora social incansable. Un hombre (sacerdote), y dos mujeres (laicas). Ninguna de ellas formando parte de la Iglesia oficial. Ninguna de ellas miembro de ninguna jerarquía. Ninguna de ellas bien aceptada en su tiempo. Con acciones e incluso excesos moralmente reprobables según todos los manuales y catecismos (D. Day, abortó durante su juventud y más tarde fue madre soltera).

Benedicto XVI ha sido muy audaz al proponernos estos tres testimonios de fe. El Papa nos los presenta como testimonios de conversión radical, de personas transfiguradas. En sus vidas “la gracia de Dios actúa y provoca maravillas”. Las tres, son personas en camino, en búsqueda, a tientas, profundamente implicadas y en diálogo con su entorno.

Al renunciar a su cargo de pontífice (literalmente el que construye puentes, lazos, relaciones), el Papa quiere hacer sitio a estos testimonios, imaginando así una comunidad de seguidores de Jesús donde nadie es excluido, donde todo hombre y toda mujer de buena voluntad es bienvenido. En el extremo opuesto a los insistentes esfuerzos de muchos eclesiásticos que intentan cerrar el grifo, convertir la Iglesia en un club reducido, rancio, raquítico, de unos pocos que se consideran “buenos católicos practicantes”.

Proponiendo a Pavel Florensky, Benedicto XVI recupera la tradición más abierta del movimiento ecuménico que el Concilio Vaticano II impulsó. Escogiendo a Etty Hillesum, Benedicto XVI quiere que abracemos la humanidad entera, especialmente aquella que sufre, y que nos convirtamos en “un bálsamo para todas las heridas”. Reconociendo a Dorothy Day, Benedicto XVI nos recuerda que vivir en comunidad y estar al servicio de los pobres y oprimidos es más evangélico que la estricta observancia de unas leyes morales.

La decisión de Benedicto XVI de renunciar fue una noticia inesperada. Las pistas que él mismo nos da para interpretarla son aun más insospechadas y abren nuevos horizontes.

P.S.: Desde África, este continente olvidado desde donde escribo, deseo que el próximo Papa vaya aún más lejos y no solamente proponga testimonios venidos del norte, sino también personas como Vandana Shiva, Aung San Suu Kyi, Wangari Maathai y tantas otras que nos inspiran y alientan.

Imagen extraída de: Le Républicain Lorrain