¿A dónde vas, Europa? Fundamentos y retos de una obra en curso

Alfons Calderón. (Seminario social de CJ). Los precedentes de la Unión Europea se remontan a 1950 con la Declaración Shuman[i], piedra angular de esta construcción política, jurídica y económica tan singular y sin precedentes históricos. En aquellos momentos, las grandes potencias continentales continuaban devastadas por los efectos catastróficos, todavía muy recientes, de la II Guerra Mundial. Fue entonces, cuando el ministro de asuntos exteriores de Francia, Robert Shuman, propuso al gobierno alemán de poner la producción del carbón y el acero bajo el control de una autoridad común. Nacía así la CECA el 1952, embrión de la futura Comunidad Económica Europea que arrancó oficialmente el 1958 con seis fundadores: Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo. El objetivo de las comunidades era político: mantener la paz en el continente. El principal medio era sin embargo de índole económica: primero de carácter industrial, para continuar después con instrumentos de integración comercial plasmados en el mercado común europeo. Ya en los últimos tiempos se añadieron otros mecanismos económicos y monetarios, que llevaron hasta el euro como moneda única para algunos de sus estados miembros. De esta manera, la UE ha ido creciendo tanto en competencias asumidas como en número de estados, hasta llegar a los 28 con la incorporación de Croacia el próximo mes de julio. El crecimiento no ha sido regular, ni continuo; han habido varias crisis que a lo largo de las seis décadas han ido poniendo a prueba todo el proyecto. La actual, de enorme magnitud, suscita una serie de interrogantes que se pusieron de relieve durante el seminario que durante este curso ha organizado el area social de CJ. ¿Qué elementos de reflexión puede aportar una visión holística del proceso de integración europea en la época que nos ocupa? A pesar del contexto diferente al de los orígenes, hay características que mantienen su vigencia. ¿Qué podemos aprender de las dificultades superadas por la UE en su trayectoria? Veamos cuatro pistas ilustrativas:

  1. Liderazgo político. Los fundadores de la Europa comunitaria eran profesionales demócratas de una gran honestidad y sobriedad personal, altamente preparados en un entorno internacional y con experiencias vitales profundas vividas en condiciones de extrema dificultad. Al mismo tiempo, a pesar de depender como ahora de los ciclos electorales de sus respectivos países, fueron capaces de inspirar una visión común a largo plazo. ¿Tienen los actuales líderes políticos un currículum y una actitud parecida?
  2. Economía social de mercado. Es el modelo de la Unión Europea. Combina el principio de libertad con la necesidad de intervención en la economía para conseguir un orden social justo donde los más vulnerables puedan contar con mecanismos de apoyo. La aparición de una gran clase media en los estados de la UE es en parte uno de sus grandes éxitos, pero la deuda desenfrenada de tantos años de prosperidad ha propiciado abusos con consecuencias nefastas. ¿Qué replanteamientos se están haciendo para dar viabilidad al sistema? ¿Van en la linea y el espíritu del modelo socieconómico de la UE?
  3. Método comunitario. La construcción europea se basa en un proceso gradual de cesión de soberanía de los estados miembros hacia instituciones supranacionales para abordar retos propios de una sociedad cada vez más global. Implica una perspectiva de conjunto y una buena comprensión de las dinámicas mundiales. Se ha podido aplicar este método a un abanico limitado de ámbitos pero las circunstancias actuales requirirían que fuesen aún más. Hay que explicar de manera adecuada que el tratamiento de graves problemas que nos afectan como la crisis, las turbulencias financieras internacionales, el cambio climático o el terrorismo transnacional, por poner algunos unos ejemplos, sólo pueden ser abordados eficazmente de manera colectiva.
  4. Gobernanza y reforzamiento institucional. La UE ha crecido pero las instituciones que la regulan no se han consolidado a la par. Se ha ampliado pero no siempre se ha profundizado. La reticencia a la cesión de soberanía por parte de algunos estados miembros se traduce en procedimientos excesivamente largos y complejos que ocasionan lentitud e incapacidad de reacción para afrontar los retos con diligencia. De otro lado, muchos gobiernos nacionales sólo plantean las cuestiones en clave local, electoralista y a corto plazo, en detrimento de soluciones sostenibles y más ecuánimes. Hay que combatir esta miopía, combinando eficacia institucional y legitimidad democrática.

En fin, conviene no olvidar que la construcción de la UE es un proceso en curso. Llevamos 63 años de historia común, pero estamos aún lejos de los más de 120 años que necesitaron los Estados Unidos de América para llegar a su cénit federal a partir de los diferentes estados que lo constituyen. Sin que este sea necesariamente el modelo a seguir, es una referencia temporal. De hecho, la Unión Europea es hasta hoy el único intento exitoso de dar una respuesta común por vías pacíficas a problemas globales, en este rincón de mundo que habitamos. Conviene incidir en ello de forma aún más decisiva para que el vendaval de la crisis actual no lo eche todo a perder y las próximas generaciones puedan seguir gozando del progreso económico y social que ha generado.

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