El espíritu de Malicunda

El espíritu de Malicunda

Sonia Herrera. [La Lente Violeta] El 6 de febrero es el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, declarado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el año 2003. Yo nací también un 6 de febrero de 1984, en Barcelona, cuando todavía en España no se hablaba de la ablación (prácticas consistentes en la extirpación total o parcial de los genitales externos de las niñas) y poco se hablaba aún del respeto a los derechos sexuales de las mujeres en el mundo.

Por suerte, hoy por hoy, conocemos la necesidad de concienciar y sensibilizar a la población sobre todos los tipos de violencia que se ejercen contra las mujeres, incluida la mutilación genital que supone una incontestable violación de los derechos humanos de las niñas y las mujeres y una práctica que atenta contra su sexualidad.

La activista feminista y escritora estadounidense Kate Millet afirma que “la firmeza del patriarcado se asienta sobre un tipo de violencia de carácter marcadamente sexual”. La ablación de clítoris o mutilación genital femenina es un claro ejemplo de esa violencia patriarcal que se ensaña una y otra vez contra los cuerpos de las mujeres. Este tipo de violencia afecta, según datos de la OMS, a unos 140 millones de mujeres y cada año más de 3 millones de niñas corren riesgo de sufrirla.

Tal y como señala UNICEF, la mutilación genital femenina se practica por “razones” de distinta índole (sexuales, sociológicas, higiénicas, estéticas, médicas, etc.) para controlar la sexualidad femenina, como rito de iniciación/transición hacia la edad adulta de las niñas y como método de integración social y por creencias infundadas relacionadas con la suciedad o con el aumento de la fertilidad y la facilitación del parto. Pero muy contrariamente a las suposiciones que avalan esa práctica, sabemos que la ablación comporta una serie de riesgos a corto y largo plazo para la salud física, mental y sexual, y para el bienestar de las mujeres.

Por ello, uno de los objetivos de la OMS se centra en eliminar la mutilación genital femenina en el plazo de una generación. En algunos lugares del mundo ya se ha avanzado mucho en la lucha contra la mutilación genital femenina. El ejemplo más reconocido se encuentra en la comunidad de mujeres bambara de una pequeña aldea de Senegal: Malicunda. Las mujeres de dicha población se plantaron y juraron que nunca más volverían a practicar la ablación a sus niñas.

El cantautor canario, Pedro Guerra, les dedicó a esas mujeres bambara una canción incluida en el disco Hijas de Eva que fue editado precisamente el mismo año que se creó el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina. Hoy, algunos años después, es interesante traer de vuelta esos versos y ese grito a favor de los derechos humanos de las mujeres:

“Que pare el rastro de niñas mutiladas,
mujeres que no cuentan, mujeres que son nada,
y así hasta que termine y no vuelva a oirse nunca
el corte del acero en todo Malicunda,
ni en ningún rincón del mundo y sean iguales
para hombres y mujeres las prácticas sexuales”.

Imagen extraída de: Time

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