Movimientos migratorios. Una realidad con un gran dinamismo (I)

Movimientos migratorios. Una realidad con un gran dinamismo (I)

Grupo de migraciones (CJ – Migra Studium). Hemos dedicado los dos primeros encuentros de este curso a analizar un total de 10 tablas estadísticas elaboradas desde el Área de Estudios de la Fundación Migra Studium por el sociólogo Lluís Recolons. Considerábamos necesario una aproximación a los datos, para poder contrastar determinadas opiniones y percepciones en relación con los movimientos migratorios. Os hacemos partícipes de algunas constataciones.

1.- España ha recibido durante la primera década del siglo XXI un importante contingente de población inmigrada atraída  en gran parte, por la demanda de mano de obra de una sociedad que en años de fuerte crecimiento económico no podía cubrir esta demanda con la oferta disponible de población autóctona. Este crecimiento migratorio ha servido para compensar el estancamiento demográfico del país que tenía (y sigue teniendo) un crecimiento natural de los más pequeños de Europa. Para hacernos una idea de esto diremos solamente que en el año de mayor crecimiento de población, en 2007, la población de España experimentó un incremento que el INE estima en 808.600 personas, 716.300 de las cuales fruto del crecimiento migratorio y el resto del crecimiento natural.

Este incremento migratorio tan fuerte ha constituido una novedad histórica en nuestro país. Y ha resultado, incluso, de una magnitud superior al de otros grandes países europeos que habían experimentado el fenómeno en el pasado pero no de una forma tan concentrada en pocos años. Por otro lado Cataluña, donde las migraciones han sido parte importante de su sistema reproductivo, había conocido ya en los dos siglos precedentes otros periodos de incrementos migratorios comparables, de origen mayoritariamente español, a diferencia del origen mayoritariamente extranjero de la actualidad. No obstante, el auténtico “efecto llamada” que llevó tanta inmigración extranjera a España hay que buscarlo en la demanda de abundante mano de obra provocada por el funcionamiento de la llamada “burbuja inmobiliaria”.

2.- A partir del 2008 se produce la caída del crecimiento migratorio en España y en Cataluña. El crecimiento natural (nacimientos menos defunciones) muy debilitado en acabar el siglo XX, conoció un incremento progresivo los primeros años del siglo XXI seguido de un suave declinar en los tres últimos años. En esta evolución ha resultado significativa la aportación de los nacimientos de madres y/o padres extranjeros. Las magnitudes correspondientes de crecimiento natural (nacimientos menos defunciones) por lo que respecta a España fueron del orden de 19.000 de media anual durante el quinquenio 1996-2001; la remontada posterior llegó a las 113.500 del año 2009; y el año 2011 se situaba en 93.400.

3.- El crecimiento migratorio sólo empieza a presentar cifras negativas a partir del 2011 (estimado para España en -74.000) al sobrepasar el número de emigraciones al de inmigraciones. En el año que recién acabamos, el 2012, los datos disponibles del primer semestre hacen prever que esta tendencia negativa seguirá y será aún más acentuada, con los datos totales. A pesar de la disminución de entradas de inmigrantes en España desde el extranjero, estas se mantienen en una magnitudes significativas: se estima en 195.500 las llegadas de inmigrantes a España en el primer semestre del 2012. Las reagrupaciones familiares son la causa principal de inmigración en estos últimos recuentos. Las salidas de España hacia el extranjero se estimaron para el mismo primer semestre en 269.500, de las cuales el 15% eran ciudadanos españoles y el 85% extranjeros. Esta tendencia creciente, de emigración desde España hacia el extranjero, ya se había dado en otras épocas y con mayor intensidad en la población masculina que en la femenina.

Todo esto nos lleva a pensar en la complejidad de los movimientos migratorios. Ciertamente, la burbuja inmobiliaria en su día o actualmente la crisis económica, son elementos coyunturales que afectan al movimiento de las personas, y lo hacen no sin una notable dosis de sufrimiento, de la cual no siempre somos conscientes. La gran bolsa actual de población desempleada hace prever aún unos años de crecimiento migratorio bajo, pero la gravedad y la duración de la crisis económica no nos debe cegar hasta el punto de olvidar que la mayoría de la población inmigrada de origen extranjero sigue y seguirá viviendo en el país y la estructura demográfica y la evolución económica acabará imponiendo la necesidad de nuevas inmigraciones. Pero de este punto hablaremos en un segundo artículo.

Imagen extraída de: Dominio Público