La crisis del proyecto europeo: algunos apuntes de Rafael Poch

La crisis del proyecto europeo: algunos apuntes de Rafael Poch

Seminario social de CJ. La segunda sesión del seminario social tuvo la suerte de poder contar con Rafael Poch, corresponsal de La Vanguardia en Berlín. Estos fueron algunos de los principales subrayados que el periodista hizo durante su intervención:

– En Europa se está produciendo una involución socio-laboral, de largo recorrido. Desde finales de los 60, se está desmontando el estado social. Se está incubando una revolución social que va a ir a más, prueba de ello es el incremento de huelgas generales de los últimos años en Grecia, España…

– Europa está en el centro de una crisis económica y financiera mundial. Los países del norte están sufriendo menos esta enfermedad, en parte debido a un diseño europeo donde el Norte se beneficia de la miseria del Sur. Los ricos se hacen más ricos y los países pobres más y más pobres. La imposición de la política de austeridad impulsada por Alemania está llevando al desastre a países como España, Portugal, Grecia… Pero a la larga acabará afectando también a Francia y a la propia Alemania.

– El proyecto europeo, tal y como ha sido diseñado, es un proyecto inviable e inútil para afrontar los retos de este siglo. Retos como el cambio climático, el zenit demográfico o los recursos menguantes no están teniendo ninguna respuesta por parte de Europa. Se sigue utilizando una mentalidad caduca caracterizada que propone ir resolviendo los problemas nuevos con métodos militares.

– Europa es la zona más bélica del mundo. Entre 1615 y 1815 (año en que terminaron las guerras napoleónicas) Europa estuvo en guerra una media de 60 a 70 años por siglo. A esto siguió una relativa calma que culminó con las colonizaciones, una especie de exportación del belicismo a otros territorios. Esta época marcada por la industrialización acabó, sin embargo, con las dos grandes guerras mundiales. La Unión Europea se creó como una reacción ante esta lógica catastrófica que amenazaba con hacer saltar el mundo en pedazos.

– A principios de este siglo, el desacuerdo entre el eje franco-alemán europeo y la administración Bush durante la invasión de Irak, abrió muchas expectativas. Habermas llegó a escribir el 2003 un libro titulado “El Occidente dividido”. Ante el modelo imperialista de guerra preventiva de los EEUU, se levantaba un continente regido por el derecho internacional, tolerante, con un estado de bienestar sólido y religiosamente no fundamentalista. El tiempo se encargó de demostrar que este discurso narcisista y embellecedor tenía mucho de fraude. La actual crisis nos ha vuelto a la realidad de lo que es Europa, la dura Europa.

– La ampliación al Este de la UE se hizo a partir de un guión supervisado en Washington donde el ingreso en la OTAN era la antesala para la entrada a Europa. El puntual desacuerdo sobre la intervención en Irak, no impidió una lista infinita de complicidades (bases aéreas, confinamientos, utilización de aeropuertos etc.). En relación con Palestina la UE no ha hecho sino seguir el dictado de la política norteamericana incrementando las relaciones con Israel en una comedia llamada “proceso de paz”. Algo semejante ha sucedido en Afganistán, donde los países europeos participan con miles de soldados. En noviembre de 2009 Merkel justificó la intervención militar en determinados conflictos para asegurar el acceso a los recursos naturales. El intervencionismo militar europeo no es, pues, una excepción sino una tendencia consolidada, y sin demasiada contestación por la ciudadanía. Se da por supuesto que el militarismo es la solución a los problemas mundiales. La Unión Europea desempeña el papel del ayudante del sheriff de EEUU.

– Existe al menos cuatro razones  para no creer en la viabilidad del proyecto europeo actual (las tres primeras sacadas de Samir Amin):

  1. Europa no puede ser una superpotencia autónoma porque, a diferencia de EEUU o Rusia carece de recursos naturales en su territorio.
  2. No puede serlo por su falta de unidad y sus desigualdades internas entre estados.
  3. Europa no puede ser ni siquiera una federación unitaria porque la identidad europea, no existe ni se la espera. Si hacemos un esfuerzo, podemos encontrar lazos comunes entre España, Italia, Portugal… Pero imaginar eso mismo con británicos, húngaros,… supera toda fantasía.
  4. La Unión Europea no puede funcionar como proyecto común, porque la burocracia europea ha tenido la osadía de suponer que un billete de banco, podía ser el corazón de la identidad europea. El resultado ha sido un monstruo, que ha acelerado la desposesión de soberanía que hoy sufrimos.

Por estas cuatro razones y por el papel de sheriff imperial, el proyecto europeo es, además de imposible, inservible.

– Ante esto, ¿qué alternativa hay? De lo que se trata es simplemente de realizar una refundación ciudadana del proyecto europeo, que tenga como única misión de puertas afuera, no contribuir al imperio, y de puertas a dentro, devolver poder y soberanía a las naciones, porque la soberanía popular es siempre nacional.

– Hay datos para el pesimismo y para el optimismo. Pesimismo ante el avance de la xenofobia y  la ridiculización de la solidaridad, calificada por la ideología neocon como buenismo). Estos dos elementos nos sitúan en la perspectiva de la Europa de 1930 una Europa gris, inquietante, prebélica, extrema… Del lado del optimismo tenemos el progreso de la propuesta social y solidaria. Hace poco los sindicatos europeos participaron de una jornada europea sin precedentes. Puede saber a poco, pero ya nos situamos en otra perspectiva la de la Europa de 1848, la primavera de los pueblos.  Entonces hubo el intento de una refundación ciudadana, y es eso lo que hoy debiéramos repetir: una reconquista de las esferas económica y financiera, para devolver a la política lo que se le ha arrebatado en los últimos 30 años.

Hay que crear un frente popular, una gran propuesta de sindicatos, intelectuales, parados, inmigrantes  nuevas fuerzas políticas y programas, nuevos líderes en todos estos ámbitos que representen y sean portavoces de esta refundación. Pongo como ejemplo de estos nuevos líderes a una persona como Teresa Forcades que es una “bomba de destrucción masiva”, ¡su discurso es letal para el sistema! Propone cosas tan enormes como la huelga general indefinida, una cosa que no se le ocurriría ni a la extrema izquierda, como algo completamente evidente y en unos términos muy racionales.

– Esta refundación ciudadana será internacional e internacionalista, pero su marco principal sólo puede ser nacional. Esta reconquista no puede ser en el Parlamento Europeo compuesto por vikingos contra mediterráneos, con intereses muy diferentes. En cambio a nivel nacional nuevas mayorías políticas pueden llegar a gestarse. Algo sucede en Grecia donde la gente se organiza, se mueve en comunidades de gente cercana… En cambio la experiencia de los Foros Mundiales, tan interesante resulta al mismo tiempo muy etérea. En América Latina las cosas se están moviendo país a país, y por coalición de países, no por el Foro de Porto Alegre. “La Europa democrática empieza en casa” ha señalado Oskar La Fontaine.

– Dos apuntes finales, muy breves, sobre la violencia y la Europa de hoy:

  1. Partimos de una Europa más rica, más envejecida donde la no-violencia tiene un gran sentido y grandes espacios a su favor. Sin embargo, la actual situación de crecientes desigualdades, y la oposición a una oligarquía cada vez más minoritaria y poderosa puede acabar por generar violencia, también violencia institucionalizada. Hay que ser conscientes de ello.
  2. La dictadura no es una realidad imposible, no es una reliquia lejana y ajena. No deberíamos olvidar que la mayor parte de Europa eran dictaduras hasta hace muy poco.

[Sobre Rafael Poch recomendamos directamente su blog personal en La Vanguardia, o bien textos en particular como su sugerente artículo “Alemania en la ‘Gran Desigualdad’” o el post “La Europa inservible” que recoge las notas de su presentación en Cristianisme i Justícia.]

Imagen extraída de: RNW

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