"La ola" o las posibles consecuencias del olvido

“La ola” o las posibles consecuencias del olvido

Sonia HerreraInauguramos el nuevo curso cinematográfico aproximándonos a la película La ola de Dennis Gansel, una interesante reflexión  sobre la posibilidad del resurgimiento de una dictadura como la del Tercer Reich en la Alemania de nuestros días.

Y ahí queda la pregunta en el aire: ¿Es posible una dictadura hoy en Europa?

En la entrada del bloque 4 del campo de concentración Auschwitz I encontramos una placa con una famosa frase del poeta y filósofo español George Santayana: “Quien olvida su historia está condenado a repetirla”. Esa es la idea que planea a lo largo de todo el relato de La ola, una película inclemente, intensa y punzante inspirada en un hecho real que tuvo lugar en una escuela de Palo Alto, California, en abril de 1967. Ante la dificultad de los alumnos/as para comprender cómo la población alemana de origen no judío dio alas al nazismo y permitió el exterminio de millones de personas, el profesor de historia Ron Jones puso en marcha con sus alumnos/as de secundaria un experimento conocido como “La Tercera Ola” con el que les demostró cuán sencilla puede ser la reproducción de regímenes fascistas si no se tiene presente el pasado.

En apenas 5 días Jones consiguió crear un movimiento de más de 200 alumnos/as que desde la exaltación de reglas como la disciplina, la autoridad y el orden desarrollaron un grupo con un alto sentido de superioridad respecto al resto del alumnado de la Cubberley High School. Manipulación mental, exclusión de los alumnos que no pertenecían al movimiento, captación de nuevos miembros, acusaciones sobre quienes no cumplían las normas… Estas y otras muchas características de la autocracia y los totalitarismos se activaron a toda velocidad, poniendo de manifiesto la necesidad constante de interrogarnos sobre el autoritarismo, de recuperar la memoria y de educar en valores como el respeto, la tolerancia, la sensibilidad, la empatía y la solidaridad, especialmente en momentos de crisis y descontento social como el actual en los que se crea el caldo de cultivo idóneo (y peligroso) para el auge de este tipo de movimientos o partidos políticos.

La ola (Die Welle) es una película de 2008 dirigida por Dennis Gansel y basada en la novela homónima de Todd Strasser que traslada precisamente esa historia ocurrida en Palo Alto a un colegio de la Alemania actual, poniendo sobre la mesa una pregunta: ¿podría volver a desencadenarse toda la violencia que provocó el nazismo entre finales de los años 30 y el final de la II Guerra Mundial en 1945?

Sin duda, la película perturba e invita a reflexionar. Y de esa primera cuestión se derivan muchas otras –probablemente más cercanas– relacionadas con las características tradicionales del fascismo:

– ¿Podrían hoy en día surgir en Europa líderes carismáticos que ejercieran un liderazgo autoritario, que fueran adorados como guías de la sociedad y que estuvieran ensalzados por un sistema eficaz de propaganda?

– ¿Qué sucede cuando el Estado utiliza a las fuerzas del orden como herramienta represiva para infundir terror en la población?

– ¿Se producen violaciones de los Derechos Humanos en nuestro entorno?

– ¿Existe actualmente en el mundo una alarmante obsesión por los temas Seguridad Nacional? ¿Deriva ello en un aumento exacerbado de los presupuestos de Defensa y de la industria militar?

– ¿Aprovechan algunos partidos la situación de crisis económica para señalar como enemigos del Estado a ciertos grupos raciales, étnicos, religiosos, políticos, etc.?

– ¿Desinforman ciertos medios de comunicación sobre algunos asuntos? ¿Quién controla los medios de comunicación?

– ¿Se desprecia desde algunos sectores de nuestra sociedad la intelectualidad y la cultura?

– ¿Conocemos casos de corrupción en nuestro país?

Ojalá la respuesta a todas esas preguntas fuera negativa. Daría menos miedo, La ola nos parecería mera ficción y los totalitarismos quedarían situados en un pasado remoto… Pero una vez planteadas esas preguntas, ¿realmente podemos afirmar que vivimos en una verdadera democracia? ¿Podría repetirse la historia? ¿Podríamos cometer los mismos errores?

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