Profetas ante la crisis (II): ¿Fue San Pablo menos machista de lo que pensábamos?

Profetas ante la crisis (II): ¿Fue San Pablo menos machista de lo que pensábamos?

Jaume FlaquerEn la segunda sesión del curso sobre los profetas, el profesor Xavier Alegre nos hace una presentación notable sobre San Pablo. ¿Quién no se ha sentido alguna vez incomodado por algunas ideas de este apóstol?

Un primer texto que genera gran incomodidad es éste: “Que las mujeres casadas callen en las reuniones comunitarias, no les es permitido hablar, sino que deben mostrarse sumisas, como dice incluso la ley” (1 Co 14 ,34-35).

Este texto, según X. Alegre, es muy probablemente interpolado, es decir, inserto aquí posteriormente. Fuera de éste, no encontramos, en sus 7 cartas auténticas, ningún texto anti-feminista. La figura de Pablo ha sido desgraciadamente distorsionada por este y por otros textos de las cartas “Pastorales”, de finales de siglo I, durante mucho tiempo atribuidas a Pablo.

En 1 Co 11, Pablo dice que hay mujeres profetas, y en Rom 16 dice que hay una mujer que es apóstol, y muchas que son líderes de comunidades. Si había mujeres que profetizaban, quiere decir que hablaban y por tanto Pablo no se lo prohíbe. Además, el hecho de que nunca se utilice este texto para contradecir a dos profetisas de la secta de un tal Montano (s. II), quiere decir que este texto aún no había sido añadido.

Igualmente, algunos textos suyos sobre el respeto a la autoridad han dado pie a interpretar sus escritos desde el punto de vista de un “colaboracionista con el imperio romano” y justificador de los “caudillos por la Gracia de Dios”. Fijémonos en este texto de la carta a los Romanos: “Que todo el mundo se someta a las autoridades que tienen el poder, porque toda autoridad viene de Dios, y las que de hecho tenemos han sido puestas por él. Por lo tanto, el que se enfrenta a la autoridad se rebela contra el orden querido por Dios, y los rebeldes se buscarán la propia condena” (Rom 13,1-2).

El libro de los Hechos de los Apóstoles parece confirmar esta sumisión a la autoridad porque presenta a San Pablo con buenas relaciones con el Imperio. Presenta a los romanos de manera positiva y echa la culpa a los judíos. El primero que se convierte es Cornelio, un roman; el que mete a Pablo en prisión es el Sanedrín, no los romanos (cfr. Hch 18; Hch 21); y en Roma, Pablo está encarcelado ¡pero en su casa! y puede predicar el Evangelio.

Diversas consideraciones, sin embargo, nos ayudarán no sólo a matizar sino a contradecir esa imagen.

En primer lugar, debemos decir que Lucas (que es discípulo de Pablo), tanto en el Evangelio como en los Hechos, siempre suaviza las contradicciones y tensiones, especialmente las que se dieron en el interior de la primitiva comunidad de cristianos. El hecho de dirigirse a una comunidad pagana por una parte, y que no quería complicar la misión de la Iglesia dentro de un Imperio que pronto perseguiría a los cristianos, pueden explicar esta actitud.

En cambio, el libro del Apocalipsis sí pudo ser crítico contra el Imperio de forma clara porque está escrito en forma “encriptada”, por lo que los simbolismos utilizados no pudieran ser comprendidos por las autoridades.

Lo cierto es que Pablo tiene conflictos reales con el Imperio: ¡las cartas de Filipenses y de Filemón las escribe desde la cárcel! Y no podía ser de otra manera cuando el “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo y un solo Dios y Padre” es abiertamente crítico contra la pretensión del César de ser Señor e incluso Dios (1 Co. 8,6). El emperador Domiciano, del tiempo del Apocalipsis se hará llamar “Dios y Señor”. Los judíos tenían autorización para no adorar al Emperador y podían no participar en el ejército. Los cristianos, apareciendo progresivamente como grupo diferenciado de los judíos no tendrán esa exención. La problemática con el Imperio empezaba.

De hecho, Pablo tiene muy presente la cruz en sus siete cartas auténticas (las otras no son de Pablo). Se siente criticado por los cristianos judaizantes de Corinto, por una parte, y por las autoridades romanas por otra. En Ga 2,19 dice que Cristo murió y dio la vida por él y en 2 Co 11,26 afirma que lo han flagelado 3 veces. En Flp 1,20 teme que le condenen a muerte por predicar el Evangelio…

Y es que los valores del Imperio (dinero, poder político, mentira, etc.) se oponen a los valores de Pablo de pobreza (2 Co 8,9), de abajamiento (Flp 2,6), de igualdad (Ga 3,28) y de cuidado para los marginados (los miembros del cuerpo más débiles deben ser tratados con más cuidado. Cfr. 1 Co 12).

El texto de la obediencia a la autoridad no puede significar por tanto una sumisión al Estado. Como buen judío cree que el Rey es lugarteniente de Dios, pero lo es desde la responsabilidad y no desde la arbitrariedad en el uso del poder. Pablo además no quiere un enfrentamiento directo.

¿Qué nos diría Pablo hoy en día? “¡Sed lúcidos y discernir las decisiones que toman las autoridades! ¡Ante las dificultades, ante las crisis, vivid con esperanza, como yo viví mi encarcelamiento!”.

Imagen extraída de: Wikimedia Commons

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