El Grupo de diálogo interreligioso de Manresa: 17 años al servicio de la convivencia

El Grupo de diálogo interreligioso de Manresa: 17 años al servicio de la convivencia

Lucía Montobbio. [Revista Dialogal] “Al amanecer marchó para no ser reconocido. Y no se fue por el camino recto de Barcelona donde habría encontrado a muchos que le conociesen y honorasen, sino que se desvío hacia Manresa”. No puedo dejar de pensar en san Ignacio cada vez que voy a Manresa.

Y no siempre es para hacer los ejercicios espirituales en la Cova. Aunque, un poco peregrina sí que me siento. Este lugar tiene un misterio místico. Hoy, lo que me trae hasta aquí es la religión. Pero no una en concreto, sino muchas. Vengo a conocer uno de los primeros grupos interreligiosos que se constituyeron en Cataluña.

Mi vagón de tren va lleno de turistas que bajarán en Montserrat. Justo enfrente mío, una combinación bien curiosa. Un cura, una chica de Cervera, y una turista china que habla mejor catalán que la de Cervera. De todo esto me entero escuchando. Los periodistas tenemos algo de cotillas.

El cura, que les hace de guía turístico, justamente habla ahora de Manresa: “Es preciosa, pensad que es una ciudad milenaria que ha conservado, en sus calles y monumentos, las épocas más representativas de la historia de Cataluña: el gótico, el barroco y el modernismo”, dice de un tirón, y casi le falta tiempo para respirar.

En cambio, yo iré a llamar a una puerta románica. La del Convento de Santa Clara. Es allá donde el Grupo de Diálogo Interreligioso de Manresa celebra una jornada sobre arte. “Aprenderemos cómo las diferentes religiones expresan la sensibilidad a través del arte y como este ayuda a experimentar la relación sagrada que tenemos con lo que nos rodea; habrá dos mesas redondas y dos talleres”, me explica Eva Torres.

Eva se encarga de gestionar los actos de este grupo. Me dice que me espera encantada, pero que no espere encontrar al jesuita Xavier Melloni ni a Sor Lucía Caram. Ambos van muy atareados arriba y abajo.

Aún en el tren, repaso mis notas y el mapa desde la parada de los ferrocarriles al convento. Esto de la calle Vieja de Santa Clara, y de la calle Nueva de Santa Clara, no me queda nada claro. Rompo mi estudio cuando veo que la mitad de los turistas bajan al Aeri de Montserrat. Ya está, no se han enterado. Intento avisarles de que el “Cremallera” se coge en la parada de Monistrol de Montserrat y no antes, en la parada del Aéreo  Sólo rescato unos cuantos, ¡y mira que lo anuncian en todos los idiomas!. Los turistas salvados sonríen satisfechos, y a mí me sabe mal por los que han bajado antes.

Con esta acción, me gano la simpatía de una mujer que vive en Manresa y que se pone a conversar conmigo. Me asegura que la calle Nueva de Santa Clara sí que existe, aunque en el mapa solamente esté la Vieja. Y que ella, como vive cerca, se ofrece a acompañarme hasta la puerta. Y que está muy contenta de vivir en ella. Y que Barcelona es demasiado grande y caótica. Y que Manresa es mucho más familiar, y aún es factible alquilar o comprar un piso. Y que si tengo tiempo, vaya a ver el casco antiguo.

El rato pasa volando y la mujer de Manresa- no nos dimos los nombres- me deja justo ante la puerta del convento. Eva me da la bienvenida y me entrega el programa de la jornada. Empezamos compartiendo silencio.

Sor Lucía Caram y el jesuita Xavier Melloni, ambos impulsores de este grupo, no están  Sin embargo, he podido intercambiar correos electrónicos con uno de ellos. El Grupo de Diálogo Interreligioso de Manresa se inició de la mano de Clara Solà, miembro de la Junta del Centro Ecuménico de Cataluña, en 1995. Pronto hará 17 años. Todo comenzó cuando católicos y protestantes vieron la necesidad de encontrarse con otras confesiones.

Entonces, el último viernes del mes de enero, budistas, musulmanes, católicos y protestantes se reunieron para orar por la Paz. Clara contactó con Sor Lucía Caram y con Xavier Melloni para ir definiendo el grupo de diálogo interreligioso, hasta hoy. El grupo es muy estable. Lo conforman uno o dos miembros de la fe bahá’í, cristianos católicos, cristianos evangélicos pentecostales de Ghana, el Centro budista Kagyu Samye Dzong, el Centro budista Sakya Tashi Ling y la Asociación cultural islámica del Bagès (comarca de la que Manresa es capital).

Para la ciudad, se organizan charlas, dos jornadas interreligiosas anuales, un seminario bianual, oraciones interreligiosas, o jornadas como esta sobre el arte. Se trata, sobre todo, de tener paciencia y ánimo, porque «es difícil normalizar la diversidad religiosa, ya es un éxito que se acepte su existencia, pero todavía se percibe como una presencia residual, que no interesa a la mayoría. Mientras no hay conflicto, simplemente se tolera. Los conflictos tienden a separar, y esto es precisamente lo que queremos evitar creando vínculos», me escribe Xavier Melloni en un correo que acaba de llegar a mi buzón de entrada.

Me comenta también, que el hito más importante que ha conseguido el grupo es el de la amistad: «Haber creado unos vínculos estables y de confianza que permiten que se traten los temas más diversos con un gran respeto de los unos hacia los otros». ¿Y hacia Manresa? «Haber normalizado la pluralidad religiosa, y hacer que se visualice periódicamente con oraciones, celebraciones, jornadas de reflexión o de puertas abiertas, de manera que las personas circulen con normalidad por un paisaje interreligioso».

Este grupo está atento porque sabe que, después de la novedad, viene la profundidad. “Esto significa, de un lado, que hemos de afinar en el modo como tratamos los temas, y del otro, que nos hemos de dar más a conocer. Vemos la necesidad de hacer un esfuerzo para salir de nuestro espacio e ir a los colegios, institutos, instituciones públicas, como la policía autonómica o los bomberos, la prisión, los hospitales, etc.,  para proporcionarles instrumentos que les permitan comprender la diversidad religiosa. Deberíamos ser capaces de poder hacer declaraciones conjuntas cuando haga falta, de forma que el grupo se convierta en una voz de referencia para la convivencia, desde aquello más específico que tienen las religiones: los valores espirituales, y mostrar que son inspiradores para todos los ciudadanos», concluye  Xavier Melloni.

Desde aquí, les animo a continuar con su tarea. Acabo con el taller de cantos coránicos, y me dispongo a asumir, con un poco más de paz, la vuelta a la ciudad condal, y aquello de “que Barcelona es demasiado grande y caótica”.