Tierras abandonadas y parados que pasan hambre

Tierras abandonadas y parados que pasan hambre

Rufí Cerdan. “Tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dió… Tomó una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y todos bebieron.” La liturgia católica, como otros rituales de las más diversas espiritualidades religiosas o laicas, invitan a tomar conciencia, cada vez que comemos, de un inmenso regalo que hemos recibido de la naturaleza, que hace posible la vida de los humanos y por el que debemos sentirnos profundamente agradecidos.

Nos alimentamos y estamos vivos porque el sol, el aire, la tierra del agua son dones gratuitos (que los humanos hemos privatizado) que nos recuerdan la fragilidad de nuestra condición biológica, nuestro vínculo con la naturaleza, de la que dependemos completamente, aunque nuestra actual civilización parezca empeñada en ignorarlo.

Los campesinos, después de milenios de paciente aprendizaje, conocen las técnicas para sacar el mayor provecho de estos dones y han hecho posible el crecimiento excepcional de la especie humana.

Cultivar la tierra es un trabajo duro, hoy poco valorada porque el mercado no paga el precio justo de tanto esfuerzo. Si contamos las horas de trabajo a pleno sol que necesitan para poder llenar la cesta de verduras, frutas, patatas y legumbres, y las comparamos con el dinero que hemos pagado en el supermercado, nos pasarán las ganas de dedicarnos a la agricultura.

La economía mundializada, parcialmente desregulada en beneficio de los países ricos, ha propiciado un comercio injusto de alimentos, porque los precios reventados que hacen la competencia a los productos locales provienen de procedimientos violentos de apropiación de la tierra, de trabajo mal pagado, de técnicas agrícolas no toleradas en el primer mundo, de rebajas fiscales y de subvenciones de las administraciones a las grandes empresas que controlan el agronegocio. En este artículo “Soja, vuelta i vueltaGustavo Duch nos explica que la multinacional Campofrio ha recibido 2,5 Millones de euros de la Política Agraria Comunitaria. Un buen premio para contribuir a deteriorar la salud y los hábitos alimentarios de la población.

Los cultivos intensivos obtienen mayores rendimientos económicos forzando la ruptura de la dinámica natural de las plantas y el medio que las rodea, provocando unos impactos (pesticidas, fertilizantes, alteraciones genéticas) que tienen unos efectos externos (agotamiento de combustibles fósiles, contaminación, marginación social , alteraciones de la salud) que no cuentan entre sus costes de producción. A la larga, cada uno de nosotros, con nuestra salud y con nuestros impuestos, pagamos muy caros los beneficios de las grandes compañías del agronegocio.

En estas condiciones de trato desigual y de precios “dopados”, es lógico que sea difícil mantener las explotaciones familiares agrarias, que son la base de la estructura agraria de nuestro país y la garantía de conservación de los valores ambientales de nuestro territorio.

En 2060 en Cataluña no quedaría un solo trabajador del campo, si se continúa con la tendencia de los últimos decenios. Es evidente que hay que emprender acciones decididas para que eso no pase. Un cuidadoso estudio[1] nos dice que hay que renovar la base social campesina, que no basta con los hijos de campesinos que deciden continuar, y que el campo catalán se necesitan campesinos recién llegados, no sólo como jornaleros, sino para hacerse cargo de las explotaciones agrarias.

Cultivar la tierra en condiciones dignas, puede ser un trabajo personalmente muy gratificante y según muchos indicios, un sector donde el impacto de la crisis se puede resistir mejor. De hecho, hay sectores agrarios, como el de la agricultura ecológica, que a pesar de la falta de apoyo institucional, no paran de crecer. Eso si, desgraciadamente, se dedican sobre todo a la exportación. Todo un reto para hacer crecer el consumo de productos agrarios de proximidad.

A buen seguro, muchos trabajadores parados estarían dispuestos a trabajar en el campo, a pesar de ser un trabajo mal pagado, cuando tienen que parar la mano para recibir las patatas que alimentan su familia.

En este contexto constatamos un hecho escandaloso: Hay tierras fértiles abandonadas o infrautilizadas. En el parque agrario del Baix Llobregat, son 200 Ha (de las cuales 60 fueron adquiridas por Iquea para una frustrada operación especulativa de recalificación urbanística). Podemos constatar ejemplos como este en otros regadíos periurbanos de cierta entidad, como por ejemplo en Manresa, donde un estudio de la Universidad de Lleida de 2010, puso de relieve que la mayor parte de la superficie de regadío se dedica al cereal de secano y que un porcentaje muy elevado es actualmente improductivo. Algunas de estas tierras son de la iglesia o de titularidad pública.

En vez de proteger y aprovechar este recurso estratégico que es el suelo agrícola, nuestro gobierno está dispuesto a regalar a los especuladores del proyecto Eurovegas que prometen dinero fácil, para unos pocos, que seguro que llevaría más miseria y degradación para muchos.

Ante la pasividad de la acción pública, una vez más, hay iniciativas de la sociedad civil, que se esfuerzan por abordar las posibilidades que ofrece el trabajo de la tierra como medio para ganarse la supervivencia y emprender una vida profesional digna.

Son ejemplo, proyectos como los que impulsa Cáritas Manresa (proyecto huertos) o Cáritas de Badalona con otras entidades (Conreu Sereny), que deben superar muchos obstáculos, desde la disponibilidad de las tierras hasta costear los procesos formativos y de acompañamiento para conseguir la autonomía de los nuevos agricultores.

A pesar de la modestia de sus objetivos inmediatos, estos proyectos son menos de transformación social profunda que “van más allá de sus pretensiones instrumentales dejando traslucir procesos de personalización, humanización y liberación… Pretenden constituirse en espejo que muestre que es posible construir, en otro mundo, otra persona y otras relaciones “[2].



[1] Neus Monllor 2011. Tesis doctoral: Explorant la jove pagesia: camins, pràctiques i actituds en el marc d’un nou paradigma agrosocial.

[2] Model d’Acció Social de Càritas, pagina 23.

Imagen extraida de: ecohuellas
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