El reto de convivir en paz

El reto de convivir en paz

Mª Dolors Oller Sala.  El Congreso “Edificar la paz en el siglo XXI”, celebrado en Barcelona los días 23 al 25 de abril, aportó una visión esperanzada de futuro al reunir un buen número de personas que estan apostando desde diversos lugares y ámbitos de trabajo por la construcción de una sociedad y un mundo sobre bases más humanas.

En mi opinión, resultó de especial interés la ponencia del Sr. John Paul Lederach, experto en mediación y construcción de la Paz, que se centró en las “Mesas de negociación”. El Sr Lederach afirmó que en general estas mesas despiertan una excesiva expectación que después no se traduce en frutos, ya que la Paz no es posible construirla desde arriba,  sin la participación de los afectados en los conflictos. Por esta razón, la mediación radica no tanto en el perfil del mediador, si no en la calidad del espacio que la Mesa genera. En consecuencia, es vital que en esta Mesa se produzca la mayor participación posible, entendida no como una cuestión de número sino de calidad.  Lo importante es conseguir la mayor participación pública y un sentido de responsabilidad amplio de las poblaciones afectadas: hay que visualizar un horizonte de cambios en un contexto relacional, que incluye la mediación. Por eso el cambio real es un proceso largo. Además, valoró el don, el regalo de la parcialidad. Demasiadas veces caemos en la imparcialidad. Pero un puente no se construye empezando desde el centro del río, sino desde una de sus orillas. No hay que buscar personas neutrales sino personas comprometidas con una perspectiva concreta pero con suficiente capacidad para visualizar la otra orilla entendiendo que esta otra orilla también es necesaria. Es decir, se necesitan personas parciales con capacidad de trabajar con la otra parte. Es así cuando es posible crear un espacio construido desde la parcialidad pero también desde la confianza. Es así como se puede avanzar en el camino de la Paz.

También resultó de gran interés la ponencia de Adela Cortina sobre “Democracia real, democracia deliberativa”. Empezó diciendo que hay que repensar la democracia para dar voz al pueblo. Y el gran reto se sitúa en como hacer que los destinatarios de las leyes sean de alguna manera sus autores. Lo importante no es tanto la regla de la mayoría que rige las democracias, sino como se forman las mayorías. Hay tres maneras posibles: mediante la democracia emotiva (las mayorías se generan a través de la manipulación de los sentimientos, de las emociones de los ciudadanos por parte del poder político y los medios de comunicación). A través de la democracia agregativa (la sociedad es una agregación de intereses que se van creando socialmente). La democracia de los ciudadanos o deliberativa. El pueblo, según Rousseau, es un conjunto de personas unidas en la discrepancia que intentan razonar conjuntamente. Y el Bien Común no es una ética de máximos pero si de unos mínimos de justicia por debajo de los cuales se cae en la inhumanidad. En este sentido, los derechos económicos, sociales y culturales son mínimos de justicia. Así ha de ser la democracia de los ciudadanos, del pueblo que ha de asumir responsabilidades. Se ha de deliberar con el “otro significativo” para nosotros, movidos por la razón cordial: no puede ser que el otro no signifique nada.

A parte de las Ponencias, el Congreso se vertebró alrededor de seis ejes temáticos, con Mesas de expertos simultáneas: 1) Desarmar la Historia; 2) Hacia las identidades porosas; 3) Cohesionar la Sociedad; 4) La Mediación, una vía hacia la reconciliación; 5) El imprescindible papel de los Medios de Comunicación; 6) El salto cualitativo de la Democracia. Se ponían sobre la mesa todos los grandes retos que tenemos planteados como humanidad y se visibilizaba su interconexión.

Participé en el eje “Hacia las identidades porosas (identidades, nacionalismos, ideologías, convivencia intercultural)”. Y se llegaron a las siguientes conclusiones, fruto del trabajo pre-congresual y de la interacción con los asistentes:

  1. La diversidad es un bien, una expresión de la riqueza natural y cultural que constituye nuestro mundo.
  2. El respeto a las identidades es fundamental en la construcción de la paz.
  3. Ante las identidades cerradas y petrificadas, que se definen por oposición, es necesario reivindicar el concepto de identidad porosa y permeable, capaz de interaccionar con los otros y de desarrollar y de crecer a través de la relación.
  4. Más allá de las legítimas pertinencias y lealtades, todo ser humano tiene que ser respetado en su dignidad inherente como un valor en si mismo.

Más información:  www.edificarlapaz.org

 

Imagen extraide de: UB