Sobre el último libro de Benedicto XVI

Sobre el último libro de Benedicto XVI

José I. González Faus. Un buen amigo de Sabadell (Álvaro) gran cristiano, me manda hoy un correo diciéndome que está triste porque, en la residencia de ancianos donde vive, ha leído esta mañana en la prensa que el papa, en su libro sobre Jesús, se carga a los teólogos de la liberación porque dicen que Cristo fue un revolucionario zelota, y por ser amigos de la violencia, mientras que Jesús separó definitivamente política y religión… Álvaro fue antaño un emigrante de Extremadura a Cataluña, vivió en cuevas una temporada, fue militante de la JOC y sindicalista de USO (prohibido entonces), luego fue detenido por la policía franquista y conoció la tortura y la cárcel. Nos conocemos desde hace más de cuarenta años. Escribo esta respuesta para él, pero la cuelgo aquí porque quizá puede ayudar a otros lectores.

Habrá que esperar a conocer el libro; pero dudo mucho de que Ratzinger diga esas cosas así como dice la prensa, porque le tengo por persona de innegable rigor intelectual. De momento se me ocurren cuatro reflexiones para tranquilizar a mi amigo.

1.- Creo que conozco todas las cristologías escritas por teólogos sudamericanos. Ninguno de ellos ha dicho lo que, según la prensa, les atribuye el papa: ni Boff, ni Sobrino, ni Juan Luis Segundo, ni el malogrado H. Echegaray en su precioso libro (La práctica de Jesús), ni Carlos Bravo en (Jesús hombre en conflicto)… Ninguno que yo sepa. La idea de un Jesús zelote es de origen europeo (Reimarus en el siglo XVIII y Brandon en el XX) pero no latinoamericana.

2.- Lo que sí suelen decir los teólogos de la liberación es que, consciente o inconscientemente, la política es una dimensión que está siempre presente en nuestros modos de actuar. Esto podrá ser discutido, pero no es una afirmación cristológica sino antropológica. También sostienen los teólogos de la liberación que la política fue un factor decisivo en la condena a muerte de Jesús. Así lo muestra el cuarto evangelio, al que Ratzinger da tanta credibilidad histórica, en su capítulo 11: las autoridades judías temen que si el pueblo cree a Jesús “vendrán los romanos y acabarán con nuestra nación”; y Caifás (que era el ayatolá del momento) dictamina que es mejor que muera uno para que nos salvemos nosotros. También se acusó a Jesús de blasfemia: pero la blasfemia no reclamaba una condena política como era la crucifixión, sino sólo la lapidación, como le ocurrió a Esteban pocos años después.

3.- La respuesta de Jesús cuando le preguntan si es lícito pagar el tributo al César (“dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”) no pretende ser una enseñanza sobre la separación entre religión y política. Pues en sí misma no dice nada, ya que todo lo que es del César es también de Dios y lo que es de Dios, Él lo ha dado a los hombres (entre los cuales está también el César). La frase de Jesús, por tanto, no aspira a enseñar nada, sino a poner en evidencia a los que le tentaban. Los judíos habían aceptado la moneda romana (algo así como la “dolarización” que hicieron algunos países sudamericanos y que resultaba muy beneficiosa para los ricos, pero desastrosa para los más pobres y campesinos). Además la moneda romana lleva grabada una imagen del César, y los judíos tenían absolutamente prohibido esculpir imágenes humanas. En este contexto, los que se estaban aprovechando del dinero romano vienen hipócritamente a plantearle una pregunta de moral para meterle en una encerrona. Y Jesús se limita a poner en evidencia su mala fe (les llama “hipócritas”) y les dice una frase casi tautológica pero que les pone a ellos en un aprieto. Por eso se admira la gente.

4.- También me extraña que Ratzinger haga una separación tan radical entre religión y política porque esto le pondría en contradicción con Benedicto XVI que ostenta un cargo político de los más altos (jefe de estado). Y Ratzinger es un pensador coherente.

5.- Lo que sí puede ser es que Ratzinger diga que Jesús se negó radicalmente a todo uso del poder político para instaurar lo que Él decía que había de ser nuestra máxima preocupación: “buscar primero el reinado de Dios y la Su justicia”. En este caso tiene toda la razón: Jesús se negó a ser proclamado Rey y no creyó que el ser el Enviado de Dios le diera ese tipo de derechos.

Si es así, entonces habría coincidencia con todo lo dicho en los tres primeros puntos. Para mí personalmente seguiría habiendo algo que no entiendo en el cuarto punto (en el carácter de jefe de estado, del papa): porque en su otro libro (Luz del mundo) Ratzinger dice expresamente que la carta de san Bernardo al papa Eugenio III (llamada en latín De Consideratione), es un libro que deberían leer todos los papas. Y bien, en esa carta san Bernardo le dice al Papa que “no pareces sucesor de Pedro sino de Constantino”. O sea: san Bernardo (y Benedicto XVI) aboga por una separación entre religión y poder político, que todavía no se da en la iglesia de hoy.

Y nada más: me gustaría que estas cosas sirvan para tranquilizar al gran amigo Álvaro.

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