No, you can't. Carta al Presidente Obama

No, you can’t. Carta al Presidente Obama

J. I. González Faus. La Vanguardia. Soy uno de esos pesimistas incorregiblemente esperanzados, que celebraron su victoria, aplauden la honestidad diáfana de su discurso y hasta se  ilusionaron con su convicción de que “sí podemos”. No sé si yo le hubiera dado tan pronto el Nobel de la paz, aunque acepté que pudiera darse un premio a las buenas intenciones, y agradecí su confesión de no merecerlo. Hoy temo que, después de aquel “we can”, habrá usted comprobado que puede menos de lo que pensaba, y que en ninguna democracia occidental manda la voluntad del pueblo sino la de los grandes poderes económicos.

Como éstos suelen llevar a falsas evidencias, quisiera recordarle otras verdades para que no las olvide cuando se imponga la falsa “necesidad” del sistema. En Estocolmo habló usted de guerra justa. ¡Qué remedio si se trataba del Nobel de la paz y estaba Ud. incrementando la guerra afgana! Pero hace ya casi medio siglo, el Concilio Vaticano II avisó que, hoy en día, difícilmente podrá haber guerras justas.  ¿Por qué?

Primera condición para una guerra justa es lógicamente una causa justa. Concedamos que lo ocurrido el 11S y la amenaza terrorista son causa justa. Pero otros países del mundo tienen causa para una guerra “justa” contra ustedes, por ejemplo: por su negativa a firmar el tratado antiminas personales que, si no es una forma larvada de terrorismo, venga Dios y lo vea. Y aún hay otras condiciones para la justicia de una guerra.

Una guerra justa requiere procedimientos justos. Ello implica que se lucha en el campo de batalla sin afectar a lo población civil. Y Ud. sabe que en el siglo XX el 90 % de las víctimas de guerra fueron civiles; también en sus invasiones de Irak y Somalia. Antes, el combate cuerpo a cuerpo y el riesgo que asumía el soldado daban cierta equidad a las guerras (aunque ya comentó Francisco de Vitoria que en muchas guerras les tocaba padecer a los soldados “por las decisiones de los príncipes”). Hoy, lo intolerable y lo que vuelve injusta cualquiera de las guerras de su país es ese modo de aprovechar la superioridad armamentista destruyendo poblaciones enemigas sin correr un riesgo y sin combates militares. ¿Teme Ud. que si comienzan a llegar cadáveres a su país, la opinión pública se oponga a la guerra y deje en evidencia a “los príncipes” que la decidieron? Pues ese temor no vuelve justa a la guerra.

En tercer lugar, la justicia de la guerra requiere razonables posibilidades de éxito. ¿Pasa eso en Afganistán? Creo que no. Uds. fueron allí a capturar a Bin Laden, no a matar o capturar a afganos supuestamente terroristas. Si en casi diez años no lo han capturado parece que su obligación es volverse, y comprender que la forma moderna de la guerra (guerrillas contra superejércitos) hace muy difícil el éxito. Uds. salieron derrotados de Vietnam, Irak y Somalia, igual que le ocurrió antes a Francia en Vietnam y a Rusia en Afganistán. Y, si me deja remontarme a los orígenes, lo mismo le ocurrió al gran ejército de Hitler en Rusia, por culpa del primer esbozo de guerrilla que creó Stalin para tapar la espalda a los alemanes. La histeria esa de los escáneres corporales no va a evitar el terrorismo: pues cuando alguien está dispuesto al suicidio siempre hay modo de encontrar otro camino.

Y una última condición: es ya tópico que la primera víctima de las guerras es la verdad. En el caso afgano, el Whasington Post habló del presidente Karzai comentando que su vestido le da “un erotismo iconográfico de macho”, sin mentar la corrupción de su gobierno, y otros datos decisivos. Uds. crearon los muyahidines (entre los que había un tal Osama Bin Laden), calificados por Reagan de luchadores por la libertad ¿recuerda? Todo para desgastar a Rusia que ocupó el país desde el 79 al 89. Pero sin decir que en ese período se duplicó el número de profesionales sanitarios y de camas de hospitales; la sanidad fue declarada universal y pública (hasta llegar al 80 % de la población urbana); se crearon jardines de infancia y casas de reposo para los trabajadores… Y eso no es todo: cuando en 1996 los talibán tomaron el poder e impusieron una dictadura sangrienta con madrasas (escuelas islámicas), con radical separación de sexos, prohibición de ocupar un puesto de trabajo a las mujeres y modificación casi cruel de la legislación penal, Estados Unidos y la ONU miraron hacia otra parte, y sólo a finales del 99 impusieron alguna sanción tibia. En cambio, tras el atentado de las torres gemelas se pasó inmediatamente a la guerra como si los muertos americanos fueran más dignos que los afganos. Esta historia es indispensable a la hora de elucidar la justeza de la guerra.

Haría Ud. más por la paz si consigue que, ¡por fin! la ONU sea profundamente reformada, comenzando por suprimir el injusto derecho de veto de los pasados vencedores. Si no consigue eso deberá invertir su eslogan electoral y proclamar honestamente: “no we can’t”. Entonces le sugiero como consuelo esta parodia de un corrido mexicano que yo suelo cantar a sus “amigos” de Wall Street, desde que estalló la crisis: “un billete en el camino, me enseñó que mi destino era robar y robar… Después me dijo un banquero que no hay que robar primero, pero hay que sabe robar. Con dinero y sin dinero gano siempre lo que quiero, y el interés es mi ley. Ya no le gusto al Obama, y tengo muy mala fama, pero sigo siendo el rey”.

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