La difícil conciliación de la vida familiar y laboral

La difícil conciliación de la vida familiar y laboral

Lourdes Zambrana. Estos días se ha hecho pública la aprobación del nuevo calendario escolar para los próximos dos cursos en Cataluña. Incluye cambios como el avance en una semana del inicio de las clases (7 de septiembre) y, a cambio, una semana de vacaciones en febrero. Las razones son básicamente una racionalización de los periodos de vacaciones, ya que se considera adecuado un mayor reparto de los tiempos de estudio y descanso.

Para las familias esto significa un nuevo problema: ¿qué haremos con nuestros hijos e hijas esta semana de febrero? He dicho “nuevo problema”, perdón, quería decir “el problema de siempre”: la conciliación de la vida familiar y laboral. Este es un problema evidente: los niños y niñas tienen unos cuatro meses de vacaciones al año, y nosotros un mes, y vivimos en un país donde no existen apoyos ni por parte de la administración ni por parte de las empresas para poder conciliar nuestra vida laboral y familiar. Para las familias donde trabajan los dos progenitores, toda conciliación pasa por que tengamos a mano abuelos o abuelas que nos puedan ayudar, o que podamos pagarnos un canguro o actividades de verano para cubrir estos espacio. Para las familias con menos recursos esto significa que a veces, esos meses de verano, resultan extremadamente caros, ya que puede ser mayor el coste de las actividades que el sueldo que se ingresa.

Las administaciones públicas (por poner un ejemplo) ofrecen en Barcelona dos tipos de ayudas. Becas a las familias con menos recursos, pero que sólo cubren dos semanas de los periodos vacaciones (¿y el resto de semanas?) y que en el 2009 sufrieron un recorte considerable (¿qué pasará en el 2010?). Y la posibilidad de que las asociaciones de padres y madres pidan subvenciones para ayudar a costear estas actividades. Subvenciones bastante complicadas de pedir y aún más de justificar para padres y madres que trabajan de manera voluntaria en la asociación (con la limitación de tiempo que esto comporta) y que no son expertos en tramitación de subvenciones.

Las empresas, en su mayoría, no ponen ninguna facilidad para que las trabajadoras y trabajadores con personas dependientes a su cargo puedan realizar horario flexible, teletrabajo, permisos sin remunerar, guarderías y casales de verano en los centros de trabajo, etc. Y en cambio sigue existiendo como idea generalizada que trabaja más quién más tiempo permanece en su puesto de trabajo, cuando está demostrado que la productividad nada tiene que ver con eso. Las empresas siguen sin entender que facilitar la conciliación de la vida familiar y laboral favorece la productividad al permitir unas condiciones de trabajo mucho más racionales, que incentivan a las trabajadoras y trabajadores, y refuerzan su vinculación a la empresa.

La primera idea que necesitamos modificar es que la conciliación de la vida laboral y familiar es responsabilidad de tres agentes sociales: las familias, las administaciones públicas y las empresas (y no solo de las familias como hasta ahora).

Es necesario que las administaciones públicas asuman su parte de responsabilidad gestionando directamente (no dando complicadas subvenciones) servicios educativos (no “aparcamientos” de niños y niñas) que complementen el trabajo educativo que ya realizan las maestras y maestros durante el curso. De hecho, sería deseable que las administraciones públicas hiciesen una apuesta valiente y realmente significativa de políticas sociales de apoyo a las familias que son claramente escasas en el estado español. Tenemos una de las tasas de natalidad más bajas de Europa, y el motivo no es otro que las dificultades económicas y laborales para poder ser madres y padres. Las ayudas económicas puntuales que se reciben al nacimiento de los hijos e hijas no son suficientes, es necesaria una red de servicios (guarderías, becas de comedor, servicios para cubrir periodes de vacaciones, material escolar, atención dental gratuita, etc.) que faciliten a las familias la tarea de educar a los menores a su cargo.

Las empresas han de modificar también esta viciada cultura empresarial de inacabables horarios, y atreverse a transformar las condiciones de trabajo: horarios más racionales, teletrabajo, flexibilidad horaria. Y a permitir a las trabajadoras y trabajadores la organización de servicios como guarderías en los centros de trabajo, casales infantiles para periodos vacacionales, etc. Existen experiencias muy positivas en este sentido que demuestran que introducir estos cambios supone un aumento de la productividad, y un incentivo para trabajadoras y trabajadores.

Y en segundo lugar, y ya para acabar, es necesario que las administraciones públicas y las empresas no vean a los niños y niñas como un coste a añadir a sus presupuestos o un motivo de problema para la empresa, sino como una inversión de futuro, ya que los niños y niñas de hoy serán los ciudadanos y ciudadanas del mañana.

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