Buena salud

Buena salud

Eduardo Rojo. 1. He estado tentado de titular esta entrada del blog con el título “Los viejos rockeros nunca mueren”, pero como nunca he sido buen bailarín y además me voy a morir he optado por un título que, de momento, no dice nada pero que creo que incita a seguir leyendo.

Ahora me explico. He compartido recientemente dos sesiones de trabajo con miembros de Cristianisme i Justícia, más concretamente una reunión con el grupo de jóvenes (el concepto de joven daría para muchos análisis más profundos de los que pueden hacerse en un blog, pero utilicemos – lógica deformación de un iuslaboralista – el criterio de la normativa de contratación laboral que llega hasta los 30 años, inclusive, a efectos de incentivar la contratación estable) y otra con el grupo de profesionales (aquí casi todas las personas participantes se ubicaban el “núcleo duro” del mercado de trabajo, es decir entre 31 y 45 años).

¿Cuál fue la razón de mi presencia, como invitado ponente, en estas dos reuniones de trabajo celebradas dos sábados por la mañana y con numerosa asistencia – para aquello que se hace de forma voluntaria y con gusto nunca hay “semanas inglesas” o “líneas rojas” que impidan reunirse en determinados días o a determinadas horas –. Pues que la dirección de la CiJ en un caso y los propios miembros del grupo en otro pensaron que una persona “adulta, seria, responsable y con un buen conocimiento de la vida laboral” podía ayudar a reflexionar sobre cómo es hoy el mundo del trabajo desde la perspectiva de los cambios que se han producido en el mismo durante los últimos años y cómo hay que abordar, desde la reflexión cristiana, las injusticias existentes (que son muchas) en nuestra sociedad.

Lo de persona adulta y demás podría sustituirse por ¿qué miembro histórico de CiJ puede darnos su visión de la vida laboral? Y aquí entro yo en escena, una persona de edad avanzada según la terminología de la Organización Internacional del Trabajo (de 55 a 64 años) que tuvo la suerte de formarse en los años 80 con personas como Joan N. García-Nieto y que tenía el mismo (y quizás incluso más) interés e ilusión que los jóvenes y profesionales de ahora por escuchar la voz y las reflexiones de personas adultas sobre sus vivencias y aportaciones del mundo del trabajo.

La petición me provocó alegría y preocupación al mismo tiempo: alegría, porque me encanta poder aprender de quienes se incorporan, o llevan ya varios años en el mundo laboral y tienen ganas de luchar por corregir, cambiar o hacer desaparecer las injusticias existentes; preocupación porque no sabía qué interés podría tener mi intervención para personas que viven diariamente, como trabajadoras, empresarias o desempleadas, realidades muy complejas y difíciles de encajar en una explicación de carácter global.

2. Pero bueno, ¿no habíamos quedado en que un histórico de CiJ iba a enseñarles a los jóvenes y profesionales qué es el mundo laboral de hoy y cómo ha cambiado en los últimos años? En efecto, así intenté hacerlo, pero puedo asegurar que lo más interesante para mí fue escuchar sus pareceres durante el debate posterior a mi intervención, sus críticas al individualismo existente en el mundo de las empresas, su voluntad de apostar por fórmulas participativas empresariales que pongan más el acento en la solidaridad y la cooperación que no en el enfrentamiento, su mirada crítica, constructiva ciertamente pero crítica al fin y al cabo, sobre las organizaciones sindicales de las que se estimaba que debían estar más cerca de los intereses de los trabajadores, las llamadas a una intervención activa de los poderes públicos para abordar las desigualdades existentes pero sin abdicar de la intervención de toda la ciudadanía en la búsqueda de soluciones a los problemas del día a día, la necesidad de combinar adecuadamente la existencia de derechos y deberes (ya sabemos que de los primeros se habla mucho pero de los segundos muy poco) si queremos cohesionar la sociedad, y un largo etc.

3. ¿Qué intenté explicarles a jóvenes y no tan jóvenes que escuchaban con mucho interés mi intervención? (¡qué maravilla¡ se lo dice un profesor con 33 años de docencia y que cada día tengo que inventarme nuevas fórmulas para captar la atención de mi alumnado, y no siempre lo consigo). Pues fundamentalmente la diversidad y pluralidad del mundo del trabajo en el siglo XXI, con el siguiente esquema de trabajo:

— Trabajadores con empleo, estable o temporal.

— Trabajadores desempleados, perceptores o no de prestaciones, contributivas asistenciales por desempleo.

— Trabajadores en economía regular/legal o irregular/sumergida/ilegal.

— Trabajadores del sector público y del sector privado. Empleados públicos: régimen laboral y/o funcionarial.

— Trabajadores de empresas pequeñas, medianas y grandes (o pequeños, medianos y grandes empresarios).

— Trabajadores en sector económico “clásico”, o en el ámbito social (“tercer sector”). La transnacionalización de la actividad económica.

— Trabajadores y trabajadoras. Marco legal y realidad laboral.

— Trabajadores por cuenta ajena y trabajadores autónomos con o sin asalariados. La importancia del trabajador autónomo económicamente dependiente.

— Trabajadores nacionales, comunitarios y asimilados; trabajadores extracomunitarios. La nacionalidad como elemento de diferenciación.

— Trabajadores jóvenes (16-30 años), adultos (30-45), “tercera edad” laboral (+ 45 años). Las personas de edad avanzada (55 -64 años). Los “prejubilados”.

—  Discapacitados psíquicos, físicos, sensoriales.

4. También estuvimos debatiendo sobre las posibles transiciones a lo largo de la vida laboral y utilicé estos supuestos para ilustrar mi intervención:

— Fase educativa- fase laboral (con o sin mantenimiento de la educativa).

— Empleo a tiempo parcial- empleo a tiempo completo (y viceversa).

— Empleo- Desempleo (o períodos de actividad alternados con inactividad).

— Actividad independiente – actividad asalariada (o al revés).

— Períodos de actividad alternados con períodos de inactividad.

— Fase laboral (empleo) – fase no laboral (jubilación). Transición brusca e instantánea, o gradual. El debate sobre las jubilaciones parciales y las prejubilaciones.

5. En mi intervención también me referí, aunque de forma sucinta, y no porque no fuera importante sino porque ya había enviado la documentación con anterioridad a las personas asistentes (en este caso el grupo de profesionales) y estaba seguro, como así fue, de que la habían leído y estudiado (ojala siempre fuera así en el ámbito educativo) a documentos de la OIT que nos alertan del incremento de las desigualdades en el mundo del trabajo y de su impacto nocivo sobre la cohesión social, y muy especialmente de las transformaciones del trabajo y del impacto del nuevo orden económico internacional. Recojo aquí de forma también muy sucinta alguno de los materiales utilizados en las dos sesiones de trabajo.

A) El trabajo se está transformando, cambia y se globaliza. “Hoy, más que nunca antes, el ritmo y magnitud de los cambios que se producen en una parte del planeta tienen repercusiones para las mujeres y hombres de otros países” (OIT, 2006).

B) “El mundo del trabajo es objeto de una profunda transformación. Los desplazamientos sectoriales están haciendo que las antiguas imágenes del empleo y el trabajo a jornada completa y de ocupación única ya no resultan apropiadas como guías para el futuro. Son precisamente el sentido de inseguridad que acompaña a las diferentes formas de trabajo no estructurado y la falta de seguridad en el empleo los que plantean importantes retos para el siglo XXI” (ONU, 2007).

C)  Brecha entre países: en 2004 el ingreso medio anual por habitante en América del Norte, Europa Occidental y Japón superó los 25.000 dólares, mientras que en 61 países y territorios de bajos ingresos el promedio fue igual o inferior a 765 dólares.

Desde 1990 la fuerza de trabajo a disposición de la economía mundial de mercado se ha duplicado con la incorporación de 1.470 millones de personas económicamente activas (países de la ex Unión Soviética, China e India).

El 84 % de las personas trabajadores viven en países en desarrollo de Asia y el Pacífico, África, América Latina y el Caribe, y en países de la Comunidad de Estados Independientes y de Europa Sudoriental.  El 16 % restante vive en la UE y en otros países de Europa Occidental, América del Norte, Japón, Australia y Nueva Zelanda.

China e India: 26 y 14,8 % del empleo mundial. Previsión 2015: el 60 % de los trabajadores del mundo serán originarios de Asia (OIT, 2008).

Por primera vez, en 2006, la participación del sector de los servicios en el empleo mundial total superó a la agricultura. Datos más recientes de 2008: Servicios: 42,7 % de los puestos de trabajo a escala mundial; agricultura, 34,9; industria, 22,4 %.

1.400 millones de trabajadores pobres (working poors), que viven  por debajo del umbral de pobreza de 2 dólares diarios de Estados Unidos. Dato positivo: Se ha bajado desde el 57 % hasta el 49 % de la fuerza laboral mundial entre 1994 y 2004 (OIT, 2008).

D) Las diferencias salariales se han incrementado. El Informe mundial sobre salarios 2008-2009  de la OIT constata que   entre 1995 y 2007, en un 70 % de los países de los que se disponen datos se observa “una tendencia descendente en la proporción del PIB distribuido a los salarios, en comparación con los beneficios de las empresas y otras formas de ingresos”. En 2/3 de los países ha aumentado en dicho período la desigualdad entre salarios más elevados y más bajos. Ha habido escasos avances en la corrección de diferencias salariales por razón de género. El salario femenino se sitúa entre el 70 -90 % del masculino, “pero no es extraño encontrar coeficientes mucho más bajos en otros lugares del mundo, sobre todo en Asia”.

E) La recuperación mediante políticas de trabajo decente: extensión de la protección social y de las prestaciones por desempleo; facilitar oportunidades adicionales de formación y readaptación profesional: c Reforzar los servicios de empleo; ampliar o poner en marcha programas de empleo de urgencia y redes de seguridad específicas.

6. Con estos materiales de trabajo el debate fue muy vivo y dinámico, pero como he dicho antes lo más interesante para mí fue escuchar las vivencias cotidianas de los jóvenes que tienen dificultades para acceder al trabajo o que creen que no se tiene en consideración, ni en la parte profesional ni en la estrictamente económica, el valor que aportan con su actividad a la empresa, y las de profesionales preadultos que cada día han de enfrentarse con una difícil situación económica desde su puestos de trabajo y tratar de combinar su actuación cotidiana (como trabajador, empresario con asalariados, autónomos por cuenta propia si trabajadores a cargo) con sus creencias religiosos que obligan a cuestionarse las numerosas injusticias con las que nos encontramos cada día en la vida laboral.

No todo el monte es orégano, no todas las intervenciones eran un canto a la esperanza. Las hubo también pesimistas y de preocupación por cómo está evolucionando nuestra sociedad, las personas que se quedan marginadas y qué hacer con ellas. En ocasiones se manifestó un temor difuso sobre la globalización económica y su impacto negativo sobre la población española y catalana; en algún momento surgió inevitablemente el debate sobre la inmigración, sus pros y contras tanto desde la vertiente económica como social. Y yo creo que era conveniente, además de inevitable, que se manifestaran esas luces y sombras en el debate, porque son un fiel reflejo de aquello que se debate día a día entre gran parte de la ciudadanía.

En mi intervención final tuve tiempo para agradecerles todas sus reflexiones y formular una llamada a mirar hacia adelante con espíritu crítico y constructivo. Tenemos pocas alternativas para seguir luchando contra las injusticias: o bien nos quedamos pensando que cualquier mundo pasado fue mejor (más seguro, más tranquilo, más estable económica y socialmente), o miramos hacia el futuro desde el conocimiento del presente y la voluntad de su transformación.

Como no podía ser de otra forma en una persona de edad avanzada, aproveché la oportunidad para explicarles que también en la etapa de la transición de la dictadura a la democracia hubo crisis económicas y sociales muy importantes y que la ciudadanía y los poderes públicos se implicaron activamente en la búsqueda de soluciones a ellas, y que no hay motivo para pensar que no se pueda actuar de la misma forma ahora; que, aún y con todos los problemas existentes, la sociedad ha evolucionado mucho , y para bien, en los últimos tiempos, y que debemos explotar todo el potencial tecnológico en beneficio de la sociedad. Les explique también, con orgullo de padre, que mi hijo Juan, con 15 años, me acercó a Internet en 1995 cuando me explicó que había la posibilidad de acceder (entonces de forma aún incipiente) a la información por nuevas vías informáticas, y que desde entonces soy un fiel usuario y que ello me ha reportado múltiples ventajas en mi actividad profesional; o que bastaban pocos segundo para hablar vía Skipe con mi hijo Ignacio que vive y trabaja casi en la antípodas, en la bella ciudad australiana de Sidney. O, para hacer un poco de propaganda de mis escritos, les expliqué que si me hubieran dicho hace algunos años que expondría  mis pareceres y opiniones sobre diferentes temas sociales en la red tecnológica por medio de un blog hubiera puesto cara de no entender nada, y en cambio ya lo vengo haciendo desde hace un par de años. En suma, les dije que vale la pena vivir y seguir luchando para corregir las injusticias existentes.

No debió parecerles mal mi intervención a los profesionales (los jóvenes son más tímidos) porque aplaudieron cuando terminé, algo que también agradezco mucho por el ánimo que da para seguir debatiendo y participando en este foros de debate.

En definitiva, y para concluir por donde empecé aunque con algún añadido: Cristianisme i Justícia goza de buena salud, y los jóvenes y profesionales que participan en los grupos de trabajo son un claro y evidente ejemplo de ello.

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