El Tribunal Internacional y el "jardinero fiel"

El Tribunal Internacional y el “jardinero fiel”

Josep F. Mària. Publicado en La Vanguardia (10-03-09). A principios de marzo, el Tribunal Penal Internacional (TPI) de La Haya ha ordenado el arresto de Omar al Bachir, presidente de Sudán, por crímenes de guerra y contra la humanidad cometidos en Darfur, región oriental de este país africano. Es una buena noticia para la población de Darfur: desde 2003, según la ONU, ha habido 300.000 muertos, tres millones de desplazados, además de miles de torturas y violaciones contra los musulmanes de raza negra de dicha región.

Estos presuntos crímenes no son los primeros a anotar en la lista del presidente sudanés. Al Bachir subió al poder en 1989 mediante un golpe de Estado que desencadenó una guerra civil entre el Norte musulmán y el Sur cristiano y animista. Para hacerse una idea de la crueldad del conflicto que asoló el sur de Sudán, es ilustrativo leer What is the What”(“Qué es el qué?” Empúries): biografía, novelada por Dave Eggers, de Valentino Achak Deng, un niño del Sur sudanés que consiguió escapar a las masacres. Deng pasó a formar parte de “los niños perdidos del Sudán”: un grupo de centenares de niños que superaron un horrible periplo hacia el Este de Etiopía, luego al Norte de Kenia, y finalmente a los Estados Unidos con el merecidísimo estatuto de refugiado.

Imágenes de lo que pasó en los años 90 en el Sur de Sudán -y similarmente, de lo que está pasando hoy en Darfur- se pueden ver hacia el final de la película “El Jardinero Fiel”, de Fernando Meirelles. El diplomático Justin Quayle (Ralph Fiennes), viudo de una entusiasta activista por los derechos humanos, Tessa, (Rachel Weisz), viaja al sur de Sudán para recabar información de un médico que había intervenido en los experimentos ilegales -denunciados por Tessa- de una empresa farmacéutica en Kenia. Quayle se convierte en testigo del ataque de una milicia a un poblado Sur sudanés y debe huir, separándose dolorosamente de una dulce y amable niña. Una niña a quien Meirelles convierte en icono de “los niños perdidos del Sudán”.

Se me ocurren dos actitudes a cultivar ante tanto sufrimiento: compartir la extraña alegría de las víctimas por la acción del TPI contra Al Bachir; e implicarse serena y tenazmente en la causa de una paz que brote de la justicia. Actitudes que finalmente adopta Justin Quayle: el jardinero fiel convertido en fiel activista bajo la inspiración de su esposa desaparecida.

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