La "crisis" de los sin techo

La “crisis” de los sin techo

Salvador Busquets. Hace unos meses que estalló la crisis. Ahora que estamos metidos de lleno, cada día oímos hablar de cómo afecta a diferentes colectivos: autónomos, construcción, sector automovilístico, pequeñas y medianas empresas. A aquellos que ya antes de la crisis no tenían nada, las personas que duermen en la calle o en albergues, ¿cómo les afecta la crisis?

La respuesta es diferente, en función de donde se sitúe y quien responda a la cuestión. Si preguntásemos directamente a una persona que no tiene hogar y que vive literalmente en la calle, posiblemente nos diría que ya no tiene nada, absolutamente nada que la crisis le pueda arrebatar: sin trabajo, sin vivienda, con las relaciones familiares y sociales inexistentes, con una salud deteriorada por hábitos insanos y condiciones de vida indignas: ¿qué puede perder con esta crisis? ¿Dormir bajo un techo?
Ya antes de la crisis, cerca de 900 personas dormían cada noche en la calle. ¿La crisis se llevará las lombardas y las aceras de las calles? ¿Verdad que no? La crisis no les afecta.
Un trabajador social nos diría que cada vez cuesta más conseguir una plaza de albergue; que los comedores sociales tienen una lista de espera de tres meses, cuando hace medio año era de quince días, y que las subvenciones están congeladas, cuando no recortadas, dado el aumento de demandas y la necesidad de repartir entre muchos lo poco que se ha aumentado.
Pero creo que para una persona que duerme en la calle, los efectos más perversos de la crisis se sitúan en otro nivel. Sabemos que con el apoyo adecuado, las personas en situación de exclusión pueden superarse y pueden estabilizar su vida, y que este proceso se produce a pesar de que haya circunstancias que incrementan su vulnerabilidad personal, tales como determinadas conductas (alcoholismo, adicciones ) o determinados factores individuales (salud deteriorada, enfermedades mentales, pérdida de trabajo, ruptura de relaciones de pareja). Sin duda, estas circunstancias son elementos precipitantes o circunstancias significativas, que facilitan el proceso de exclusión.
Pero también sabemos que la importancia de su efecto marginador y excluyente depende del marco estructural. En un país como el nuestro, donde ya antes de la crisis el acceso a la vivienda se había convertido en un grave problema de clase media, y donde el mercado de trabajo se caracterizaba por presentar uno de los índices más altos de la UE en cuanto a precariedad laboral, la evolución de estos dos elementos, claves para superar la situación de exclusión, ha empeorado.
Con la crisis, el marco estructural donde se sitúa la trayectoria personal de quien duerme en la calle se ha modificado a peor, haciendo más difícil terminar procesos que superen la situación de los sin hogar. Lo peor es que este hecho está pasando desapercibido, y hace que nos fijemos sólo, aún más, en las circunstancias personales como causa de su situación. Confiamos en que una mirada crítica y la proximidad a quien duerme en la calle, oriente las decisiones de quienes tienen la responsabilidad de velar por los ciudadanos más vulnerables.

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