Reflexiones sobre la crisis económica

Reflexiones sobre la crisis económica

Dolors Oller. La crisis económica en la que vivimos inmersos es de gran alcance y, en mi opinión, pone en entredicho la viabilidad del mismo sistema económico. Desde hace unos meses nos llegan diariamente noticias de los efectos de la crisis en la marcha de la economía y en la vida de la sociedad, de las familias y de las personas. Las manifestaciones más acuciantes las encontramos en el continuo aumento de los despidos y del desempleo, el cierre de empresas, las familias que tienen dificultades para cubrir las necesidades más vitales, la precariedad laboral… Detrás de todo esto se esconde un profundo sufrimiento humano que pide un compromiso moral de los ciudadanos para hacerle frente y encontrar vías de superación.

Desde hace tiempo también, se alzan voces de alerta sobre la sostenibilidad de nuestro modelo de desarrollo: la satisfacción de las necesidades – la gran mayoría superfluas – de las generaciones presentes, compromete gravemente las posibilidades de las generaciones futuras de atender sus propias necesidades, y una creciente actividad económica sin otro criterio que el mero criterio económico, tanto a escala local como planetaria, está produciendo graves problemas medioambientales que pueden llegar a ser irreversibles.

Las causas de esta crisis las podemos encontrar tanto en el campo propiamente económico y técnico, como en el ámbito de la conducta humana responsable, sea política, o bien individual o personal. Cabe recordar, al respecto, que la crisis no es sólo un fenómeno económico, es también un hecho moral, pues ha sido provocada por conductas humanas libres y, por tanto, moralmente responsables. Y debemos reconocer que una de las causas ha sido la investigación en la actividad económica y financiera de un beneficio injusto y radicalmente abusivo, que merece la denuncia moral, dadas sus nefastas consecuencias sociales.

La crisis económica que estamos sufriendo, no puede ser redirigida sólo con soluciones técnicas; esta crisis tiene mucho que ver con una fuerte crisis ética, de principios morales, sobre los que se ha ido construyendo la economía, nuestra sociedad y nuestra existencia.

En mi opinión, hemos tocado fondo. Pero hay que tener presente que toda situación de crisis es un momento idóneo para preguntarnos hacia dónde queremos ir y por qué tipo de sociedad y de persona apostamos. Asimismo, es momento propicio para madurar individualmente y de forma también colectiva. Dicho en otras palabras, la crisis nos urge a pensar y plantear modelos de desarrollo alternativos sobre la base de la co-responsabilidad de los actores presentes en la dinámica social. Y esto conlleva implicación social y creatividad. Este nuevo modelo debería desmarcarse de la cultura del consumismo exacerbado en la que vivimos y para hacerlo posible, habría que educar en el consumo responsable. Debemos apostar por tener menos para ser más.

Conviene recordar que sin cuidar la “mirada”, sin “educar” la atención, es imposible superar la mayor forma de “distracción” colectiva que tenemos en la civilización occidental: la focalización en el consumismo y en el dinero. En este sentido, es necesario romper el predominio de las relaciones comerciales en las acciones sociales, predominio cosificador de la realidad por el hecho de reducir a mero objeto o mercancía todo lo humano y que ha penetrado en todas las esferas de la vida. El sistema de valores consumista se centra en el poseer, el disfrutar, el ganar, el lograr el éxito, el aparentar ante los demás para no ser menos que ellos, y todo esto nos introduce en la sociedad de la simulación y la ostentación, alimentada por los medios de comunicación que pervierten el deseo y convierten la necesaria autonomía personal en aceptación ciega de opiniones extrañas (vivir al dictado de la moda). Y es necesario que recordemos que es precisamente detrás del estímulo del consumo donde se juega el modelo de vida y de persona. El deseo de tener genera una actitud cognoscitiva, ya que la realidad es vista desde el punto de vista del interés posesivo. Todo es contemplado como un objeto que se puede poseer y todo queda referido a la utilidad y el interés.

Por eso no tiene nada de extraño que el sujeto consumista sea un sujeto explotador y espoliador de la naturaleza y de los demás, ya se trate de individuos, naciones o colectivos, en desconocer el valor del otro en sí mismo y sólo verle partir de la utilidad o satisfacción que le puede proporcionar.

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